
Progresismo galopante

Trajo en días pasados El País, de Madrid, una información novedosa en cuanto a la conducta sexual de los jóvenes españoles: 25% de ellos, entre los 18 y los 25 años, se declaran bisexuales, y 50% de los miembros de la comunidad Lgtb afirman que también son bisexuales.
Trajo en días pasados El País, de Madrid, una información novedosa en cuanto a la conducta sexual de los jóvenes españoles: 25% de ellos, entre los 18 y los 25 años, se declaran bisexuales, y 50% de los miembros de la comunidad Lgtb afirman que también son bisexuales. Yo tenía la idea, derivada de algunas viejas estadísticas, de que el 10% de las especies vivas nacen homosexuales, por lo que, biológicamente, la homosexualidad vendría siendo una condición natural en un porcentaje de la población, algo que no debe ser, en ninguna circunstancia, motivo de debate. El incremento, sin embargo, de la bisexualidad entre los jóvenes es llamativa y pone a pensar en sus probables causas. ¿Tendrá algo que ver con esto la divulgación de la ideología de género, que les enseña a los niños que no se nace hombre ni mujer, sino que uno es tal y como se percibe? ¿Tendrá algo que ver con esto la sexualización de los niños en las escuelas y la propuesta de dejarlos que ellos, tempranamente, decidan sobre su género? Así las cosas, parecería que la ideología está primando sobre la genética, y que nuestros cromosomas X y Y ya no son un factor determinante de la masculinidad ni de la feminidad. Con estas tendencias lo que podemos prever es un incremento de la promiscuidad y de las enfermedades de transmisión sexual, y una banalización del erotismo. Dirán que qué más da, si recientemente se aprobó una vacuna contra el VIH y que con las dos dosis anuales estaremos libres de riesgo. El tema es que esta no es la única infección que se transmite en la intimidad. En alguna parte leí alguna vez que cada minuto en Estados Unidos un adolescente se expone a un contagio génito-anal. Los cambios culturales no son nuevos, siempre han ocurrido, y en materia sexual no se ha inventado nada. Aquí surgen, no obstante, unos interrogantes, como el significado ontológico que tendrá la noción hombre-mujer y su trascendencia a través del amor, habiéndonos traído ellos la vida humana y su perpetuación sobre la tierra. ¿Cómo serán las familias del futuro, sobre qué valores se fundarán y cómo estarán constituidas? ¿Se acabará el amor heterosexual como lo hemos conocido hasta ahora? ¿Seguirán el halago y la seducción confundiéndose con el acoso sexual? ¿Qué habrá que hacer para hacer feliz a una mujer mañana? *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.