
Progresismo boreal

Susana Boreal, representante que defiende el consumo de marihuana, afirma que enviar a los niños al colegio es un acto violento. Críticas a su postura y la defensa de la educación tradicional.
Por Álvaro Bustos González Las auroras boreales son fenómenos físicos luminiscentes, cargados de energía, que se suelen ver por las noches en el polo norte. Si ocurren en el sur se llaman auroras australes. En fotos, los colores que predominan en las auroras, en sus trazos, son el verde agua y el nazareno, pero también se pueden observar pinceladas de amarillo y bermellón. La alusión a una aurora boreal nos remite a un hecho estético de la naturaleza, al que algunos individuos le confieren un significado mítico, en especial quienes no contemplan las explicaciones científicas frente a determinadas circunstancias, atribuyéndole un origen divino a lo extraño y confiriéndole a dichas rarezas la potestad de acarrear algún mensaje críptico proveniente del más allá. Lo que ahora nos preocupa no es tan distante ni tan esotérico. Una marihuanera confesa (no puedo decir consumidora), representante a la cámara por el progresismo, que se hace llamar Susana Boreal, acaba de afirmar que mandar a los niños al colegio es un acto de violencia que coarta sus libertades y los expone a situaciones adversas. ¡Cuánta avilantez hay en esas palabras! ¿Esta señora no sabe, o no entiende, que en su wokismo, plagado de víctimas, suspicacias y cancelaciones, no es posible forjar el carácter, una condición que se va abriendo paso a través de los años en medio de los retos y dificultades psicológicas e intelectuales que entraña toda existencia? Por supuesto que no basta con asistir al colegio y a la universidad si la vida no se vive con un sentido de superación, unos propósitos y unas metas definidas. De títulos inanes está lleno el mundo, y la mediocridad conceptual, como la de la señora Boreal, que tiende a diseminarse como la verdolaga, parece que está primando sobre el sentido común y el buen juicio. Los niños necesitan aplicarse al estudio desde muy pequeños bajo claras exigencias y normas; también requieren un buen ejemplo y una confianza progresiva que les dé seguridad. A la libertad se llega con el conocimiento y el pensamiento crítico, sin hacerle concesiones a las tendencias ideológicas, y menos a quienes encarnan el dejar hacer y el dejar pasar, porque eso lo que garantiza es la destrucción del alma de los jóvenes y la pérdida anticipada de su porvenir. Ahí tengo a dos adolescentes de ambos sexos (15 y 16 años) infectados por el VIH, y todo en aras del "libre desarrollo de la personalidad". *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.