Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Programa y plan

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
18 de enero de 2024

En Colombia, los candidatos electos deben materializar sus promesas de gobierno en planes de desarrollo. Evitar diálogos redundantes y enfocarse en ejecutar el programa es crucial.

Por: Fernando Negrete. Un candidato juicioso que se convierta en presidente, gobernador o alcalde en Colombia, debe saber que se enfrenta a la responsabilidad de ejecutar el programa de gobierno presentado al electorado y con el que fue elegido, con la convicción de que lo contemplado en sus propuestas fue lo escogido y aprobado por los votantes que ahora como gobernante debe concretar en el Plan de Desarrollo, como punto siguiente de su paso por la administración pública. El programa de gobierno no debe ser un recetario de promesas aisladas del contexto y de las fuentes de financiación de las obras que se propone realizar como mandatario; es más, en sus correrías como candidato por las distintas partes del territorio, debió entrar en un diálogo franco con sus potenciales electores mediante reuniones, conversatorios, caminatas, puerta a puerta y otras opciones, que permitieran conocer de primera mano las aspiraciones, problemas y soluciones de estos por la gente. Si el programa de gobierno se “arma” de esta manera y el candidato y su equipo tienen claridad y compromiso sincero con los habitantes de los diferentes poblados, la elaboración del Plan de Desarrollo es un asunto que está a “pedir de boca”, faltando meterlo en los formatos que los técnicos diseñan, algunas veces para enredar el mundo, pero que lo esencial está recogido y solo procede su formalización por los cuerpos colegiados y su ejecución. Si esto es así, qué sentido tiene convocar “diálogos vinculantes” o reuniones por veredas o por barrios o municipios, para que nos digan el proyecto que quieren que se realice, si estos fueron escogidos y votados en el momento de las elecciones, suscitando una parafernalia que puede llevar a nuevas frustraciones porque cada reunión se convierte en un “listado de encargo”, que a duras penas quedará en las notas de los que hacen de secretarios, amén de los costos que estos requieren. En los asuntos de la administración pública como la mayoría de las cosas de la vida y que demandan la toma de decisiones, se debe ir con mucho tacto y cuidado, asimilando los procesos internos, conociéndolos y evitar tomar medidas en el afán de mostrar cambios, que van en contravía de su libre movilidad o flujo, para no obstaculizar su avance. Cuando se tenga control y dominio de ellos, es el momento de redireccionar o enderezar el rumbo. Así como las familias esperan con ansias que el niño o joven se prepare o eduque para enfrentarse al mercado laboral, las comunidades están a la expectativa de que sus gobernantes conviertan sus programas de gobierno en planes de desarrollo en el menor tiempo posible e inicien la ejecución de sus políticas y proyectos de forma contundente, como el trabajador que de sol a sol realiza su tarea y solo cuando llega la hora de “cantar”, relata sus hazañas.