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Opinión

Producir el pan con el sudor de la frente

Carlos Hernán Rodríguez Becerra*
Carlos Hernán Rodríguez Becerra*
Columnista
28 de febrero de 2024

El debate sobre la desigualdad económica en Colombia, con raíces bíblicas, enfrenta el dilema de la tributación a ricos y el apoyo a la producción agropecuaria para un país rural.

Por Carlos Hernández El hombre según el antiguo Testamento vivía en un idilio permanente y su castigo por transgredir la norma, fue que tenía que trabajar para ganarse el pan con el sudor de su frente, luego de haber sido seducido por la mujer Eva, después que la astuta serpiente la sedujo a comer la fruta del árbol del conocimiento del bien y el mal. Es bien sabido que este gobierno llamado del Cambio, desde el principio y con el fin de justificar la Reforma Tributaria, ha cacareado que se hace necesario que los ricos paguen más impuestos para disminuir la desigualdad económica que se experimenta en Colombia, aunque también es cierto que esto es un fenómeno mundial. Una fuente del periódico El Espectador, escribió en el año 2022, que “Diez de los hombres más ricos del mundo poseen más riqueza que los 3.100 millones de personas que hacen parte del 40% más pobre de la humanidad”. Aunque muchos de ellos y sus empresas generan empleos para miles de personas, sobre la mesa está la pregunta, de ¿si deberían pagar más impuestos para reducir dicha desigualdad económica y no para que surjan nuevos ricos, con las malas prácticas, entre ellas la corrupción? He venido insistiendo que el gobierno Petro, debe darle prelación a la producción y no a la distribución. Nada hacemos si a toda costa obligamos a los más ricos a pagar más impuestos, cuando no le estamos dando importancia a la producción. El actual gobierno, debería pensar en reinvertir esos recursos que llegan vía tributación en producir, esto sería apoyando al campesino mediante el subsidio, teniendo especial cuidado de no cometer los mismos abusos que se cometieron con Agro Ingreso Seguro, ya que venimos observando que en esta administración se tiende a hacer las mismas prácticas que han pululado a lo largo de casi todos los gobiernos de este país, entregando recursos sin antes hacer un estudio exhaustivo a los posibles beneficiarios, lo que finalmente se traduce en corrupción, pero maquillada. Una ventaja de Colombia es que el campesinado es una población trabajadora en su gran mayoría, que ha sido penetrada por la tecnología, eso no hay que negarlo, hasta el punto que ya no se arrea o se encierra el ganado con el caballo o el asno, sino con la motocicleta, pero estas prácticas tienen también sus bondades. No olvidemos que nuestro país según el Censo del Dane 2023, cuenta con 15 millones de personas que viven en zonas rurales y cuyo principal sustento sale del campo, así que nuestra tradición es en gran porcentaje más campesina que citadina. El campesino de a pie, sabe lo que es ganarse el pan con el sudor de la frente y no de la manera como se le está proponiendo a la juventud de hoy día, como el programa Jóvenes en Paz, con el cual estoy de acuerdo que sea para jóvenes en extrema pobreza y/o en condición de discapacidad, pero no para los que dejen de delinquir.