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Opinión

Primera vuelta: los perdedores

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
4 de junio de 2026

La primera vuelta de las elecciones presidenciales dejó boquiabierto a medio país, que vio cómo Abelardo De la Espriella, un candidato sin respaldo político que no se había presentado a ningún cargo de elección popular, se apropiaba del primer lugar de la carrera presidencial. Y de paso, le dio un golpe de realidad al oficialismo, que aseguraba que el candidato del Gobierno, Iván Cepeda, ganaría en primera vuelta.

Son tres los derrotados. El primer y más duro batacazo lo sufrió el uribismo: Álvaro Uribe Vélez, por segunda vez consecutiva, no logró que su candidato pasara a segunda vuelta: Paloma Valencia no alcanzó el 7% de los votos. El segundo revés se lo llevaron los partidos tradicionales que se volcaron con esa misma candidatura. El país ha dado un golpe sobre la mesa y ha querido borrar del tablero al llamado establishment. La tercera derrota se la llevó el Centro Político, que viene en caída libre desde 2010, cuando pasó a segunda vuelta con Mockus. Ahora, como en 2022, no llegaron ni al 5%. El centro va desapareciendo del mapa electoral colombiano. Sin embargo, los tres sectores derrotados continúan siendo importantes para el balotaje. Han fracasado, pero siguen teniendo vigencia electoral, pues esos votos decidirán el próximo 21 de junio quién conseguirá el primer cargo del país. Por su parte, el Pacto Histórico y el Gobierno de Gustavo Petro son los indiscutibles perdedores de la jornada electoral. No están derrotados, pero han recibido un golpe tan fuerte como inesperado. Tan grave que, en pocas horas, Iván Cepeda cambió su manera de afrontar la campaña: pronunció su primer discurso sin leer y aceptó ir a un debate con De la Espriella, dos reclamos que venían tanto de su entorno como del pueblo colombiano, que podría disfrutar de un cara a cara entre sus presidenciables. Pero el gran perdedor del primer asalto de la contienda electoral es el presidente Gustavo Petro, quien no se escondió a la hora de mostrar su favoritismo por Iván Cepeda, enseñó su voto y manifestó no reconocer los resultados. Es peligrosa la línea en que se mueve: se aleja de la neutralidad a la que le obliga el cargo y manda un mensaje insano a la democracia. Parece dispuesto a todo para revertir la situación en el balotaje.