
Prepagos

En Colombia, el término "prepago" evoluciona, extendiéndose a políticos, bots en redes sociales y manifestantes pagados. Esta práctica cuestiona la autenticidad y ética en diversos ámbitos.
Por Arianna Córdoba Díaz* Desde hace más de una década, en nuestro país decidieron – no se sabe quién ni por qué- utilizar el término "prepago" para designar a mujeres que a cambio de dinero o ayudas en especie ofrecían sus servicios amorosos; lo que en otros tiempos se conocía como prostitución fue sustituido con esa entonces novedosa palabra. De ahí en adelante el "prepaguismo" ha hecho carrera en Colombia y se ha sofisticado notablemente; su significado se ha extendido y más allá de las mujeres que venden sus encantos y promesas de amor efímeras al mejor postor -o al que tenga para costear la nada barata tarifa- se aplica en la cotidianidad a diversos y curiosos personajes o actividades, que en esencia son lo mismo que la prostitución. Es así como vemos, por ejemplo, a aquellos candidatos a diferentes corporaciones públicas que en cada elección se lanzan al ruedo, pero saben de antemano que no cuentan con los votos necesarios para ganar; eso no importa, la estrategia es inflarse, proyectarse como una amenaza para quienes sí tienen opciones y en el momento indicado – fríamente calculado- declinar a su candidatura y adherirse a quien le dé una buena recompensa por sus voticos que pueden ser reales o imaginarios. Hay que resaltar que si bien no todo político que decline a sus aspiraciones en la mitad del camino lo hace con $egunda$ intenciones, pero cada vez se escucha más de los "prepagos" de las elecciones, en cada una van con quien más le ofrezca. En estos tiempos en los cuales las redes sociales "mandan la parada" sería raro que el "prepaguismo" no estuviera presente en el ciberespacio y en efecto, allí está: representado por las robustas granjas de bots, que son grandes grupos de perfiles falsos cuya finalidad es compartir miles de mensajes ya sea a favor o en contra de algo o alguien; el contenido depende de quien tenga los recursos para costear estas "bodegas" falaces. Y ahora, en el horizonte colombiano, se proyecta y fortalece una nueva modalidad de prepagos, la de marchantes; sí, ya no se sale a protestar o a manifestarse a las calles espontáneamente, sino que, según se escucha en los corrillos, se paga ya sea con internet o con miles de millones de pesos, que pueden ser producto de los impuestos de un pueblo; o bien, cancelando en efectivo a un líder determinado monto para que ubique X número de personas en tal parte y griten tales arengas. Hay que resaltar que si bien no todo político que decline a sus aspiraciones en la mitad del camino lo hace con $egunda$ intenciones. Estos ejemplos dejan ver que, el que tiene con qué, puede pagar cualquier servicio prepago, pero eso sí, debería tener en cuenta que el día de mañana, otra persona, hasta su propio contendor, puede contratar los servicios de quienes hoy están a su servicio y como dicen por ahí, se les voltea la torta…