
Posible acuerdo nacional

Se vislumbran posibilidades para un debate sobre un acuerdo nacional en Colombia. La iniciativa busca consenso para abordar problemáticas y fortalecer instituciones, impulsando la paz y el desarrollo.
Por Miguel Mercado Vergara Todo indica que se abren las posibilidades para que se dé inicio al debate de la propuesta oficial acerca de un acuerdo nacional. Es obvio entender que se trata de meras posibilidades porque, que se sepa, nada hay en concreto sobre el particular. No obstante, la hipótesis plantea un tema de trascendencia general dado que entra en juego el interés de un país agobiado en todas sus esquinas por una compleja problemática difícilmente sorteable de manera aislada, vale decir, sin que se cuente con un consenso en que tengan injerencia y participación directa todas las fuerzas integradoras del colectivo nacional. El mero anuncio de un acuerdo de tal magnitud entusiasma y despierta un interés generalizado porque de inmediato aparece en el imaginario la idea de cómo sería el país sin los mortificantes problemas que día a día nos apabullan. El planteamiento del fortalecimiento institucional basado en el respeto absoluto a la Carta Política de 1991 teniendo como norte la no reelección, la mitigación de la polarización agresiva y destructora que azota hoy día la actividad política cuya tendencia a su agravación es inevitable dado el advenimiento del debate eleccionario de 2026 y el fortalecimiento del proceso de paz en cuanto se encamine a cumplir cabalmente los compromisos con las zonas territoriales elegidas para su efectivo desarrollo son los tres ejes sobre los que se pone a girar el soñado acuerdo nacional. La temática es atractiva. El problema es desatar el nudo gordiano que amarra la realidad colombiana a ese destino que nos mantiene fatalmente ligados a la inútil pelotera de banderas y colores partidistas que impide la superación de nuestra mala fortuna. Tenemos el Frente Nacional como ejemplo de una realidad histórica que obligó al entendimiento en medio de la sangría que nos ahogaba. Ojalá esa referencia, de indiscutibles beneficios para todos, sirva de faro para hallar otra vez el camino del entendimiento. Una confrontación como la que hoy nos agobia impide el desarrollo en todos los ámbitos. El entendimiento permite que todas las fuerzas vivas, incluidos claro está los partidos políticos, cumplan su tarea en un ambiente más democrático y participativo alejados de la violencia entorpecedora que siempre cumple su tarea perjudicial en todas las contiendas eleccionarias. Con independencia de los afectos o desafectos con este gobierno, un entendimiento nacional conviene a la salud del país.