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Opinión

Políticos malditos.

Susana Viera
Susana Viera
Columnista
31 de agosto de 2025

En la historia de la literatura, los poetas malditos son aquellos que, desde los márgenes, incomodan a la sociedad con una sensibilidad que desborda las convenciones. No escriben para complacer, sino para rasgar el alma. Viven intensamente, mueren jóvenes, y su valor se reconoce casi siempre demasiado tarde. La maldición de ver, sentir y vivir demasiado.

Por Susana Viera En la historia de la literatura, los poetas malditos son aquellos que, desde los márgenes, incomodan a la sociedad con una sensibilidad que desborda las convenciones. No escriben para complacer, sino para rasgar el alma. Viven intensamente, mueren jóvenes, y su valor se reconoce casi siempre demasiado tarde. La maldición de ver, sentir y vivir demasiado. Colombia, aunque no lo reconoce, también tiene sus políticos malditos. Hombres y mujeres que se atreven a romper con las estructuras de poder, a incomodar con ideas propias, a hablar en un lenguaje no domesticado por los partidos ni por los medios. Y como a los poetas, a menudo también los hemos dejado morir en soledad, con la piel expuesta, con la palabra a medio pronunciar. La historia de Miguel Uribe Turbay es la historia trágica de un político que nació marcado por la muerte. Su madre, Diana Turbay, fue secuestrada y asesinada en 1991 en un intento fallido de rescate por parte del Estado. Su muerte fue una herida profunda para el país, pero sobre todo, un trauma inevitable en la vida de su hijo quien apenas tenía cinco años cuando la violencia lo dejó huérfano. La mayoría conocemos esta historia sólo desde las noticias. Debe ser duro crecer con un dolor así, pero Miguel no huyó de la vida pública. Por el contrario, formó su vocación de servir a Colombia y abanderó una generación de líderes que no provienen de las insurgencias románticas, sino de las bases democráticas institucionales. Su muerte se sintió como un duelo cívico que por un momento unió al país, a través de sentimiento punzante. Un déjà vu, con la historia revivida de una madre y un hijo asesinados por la violencia. A Miguel lo mataron como a Gaitán, Galán, Pizarro y Gómez Hurtado, no por lo que eran, sino por lo que podían llegar a ser. Un político maldito, en el mejor sentido del término, es alguien que no sirve a la complacencia. Que incomoda. Que es señalado por su diferencia, y a veces también traicionado por quienes están cerca. Nadie puede negar que la convicción, preparación y estilo directo de Miguel, lo hicieran distinto. En tiempos de polarización, era una figura que hablaba desde los hechos, no desde el ruido. Los poetas malditos escriben versos con sangre. Los políticos malditos firman su condena con ideas. Y en ambos casos, la sociedad suele reaccionar frente a los valientes de manera póstuma. ¿Estos son mártires por decisión propia? No. Son muertes que nos obligan a preguntarnos qué clase de país estamos dejando crecer, porque en un país donde pensar distinto puede costar la vida, quizás todos estemos un poco malditos.