
Política errática

Gustavo Petro redefine la política exterior colombiana con decisiones erráticas. Sus movimientos, como el distanciamiento de Israel y el cuestionamiento a EE. UU., generan incertidumbre y reconfiguran alianzas.
Desde su llegada a la presidencia, Gustavo Petro ha marcado una pauta distinta en la política internacional de Colombia. Su gobierno se ha caracterizado por un enfoque errático que ha dejado a analistas y opositores buscando sentido en sus decisiones. En un primer momento, Petro tomó distancia de Israel, un aliado tradicional de Colombia, en un gesto que parecía alinearse con su discurso pro-palestino, pero que, al mismo tiempo, generó incertidumbre sobre el compromiso del país con sus socios estratégicos. La situación se intensificó cuando el presidente colombiano lanzó un reto a Estados Unidos, cuestionando sus políticas intervencionistas en América Latina. Este desmarque puede interpretarse como un intento de reafirmar la soberanía nacional, pero también plantea interrogantes sobre el futuro de las relaciones bilaterales, especialmente en temas cruciales como el narcotráfico y la cooperación en seguridad. Sobre Ecuador, Petro desconoció la elección de su homólogo, Daniel Noboa, en otra clara evidencia de falta de sintonía con sus vecinos y aliados. La política internacional del gobierno Petro navega en aguas inciertas. La búsqueda de una nueva identidad geopolítica es loable, pero la erraticidad de sus decisiones podría tener un costo a Colombia. La política internacional del Gobierno es una radiografía de lo que es la Cancillería.