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Opinión

Polarización y desafío de la gobernabilidad

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
29 de junio de 2026

Colombia enfrenta uno de los mayores desafíos de su historia reciente: recuperar la gobernabilidad en medio de una profunda polarización política, una sociedad dividida y una economía presionada por el crecimiento del gasto público, el endeudamiento y la pérdida de confianza institucional.

La confrontación permanente entre sectores políticos ha debilitado la capacidad de construir consensos. El país necesita superar la lógica del enfrentamiento ideológico y entender que ningún gobierno puede resolver los problemas nacionales sin acuerdos amplios, respeto por las instituciones y una visión de Estado. El nuevo presidente Abelardo tendrá que asumir una herencia económica compleja: una deuda pública elevada, mayores costos de financiación y el reto de ordenar las finanzas sin afectar la inversión social. La deuda del Gobierno colombiano se ha ubicado alrededor del 60% del PIB, un nivel que obliga a mantener disciplina fiscal para evitar que los intereses consuman recursos destinados al desarrollo. El problema no es solamente cuánto se debe, sino cuánto cuesta financiar esa deuda. Con tasas de interés altas, cada peso destinado al servicio de la deuda reduce el margen para educación, infraestructura, salud y seguridad. La responsabilidad fiscal será uno de los grandes retos del próximo gobierno. Otro punto crítico es Ecopetrol, una empresa estratégica para Colombia y fuente histórica de ingresos nacionales. La compañía ha enfrentado un escenario difícil: menores utilidades, presión internacional sobre los precios del petróleo y desafíos operativos. Sus resultados recientes muestran una caída significativa de utilidades, cercana al 39,5%, aunque mantiene una producción importante. Recuperar la confianza en la inversión, fortalecer la empresa privada, garantizar seguridad jurídica y reactivar sectores productivos serán tareas fundamentales. Colombia no puede depender solamente del endeudamiento para sostener el funcionamiento del Estado. El desafío de Abelardo no será solamente administrar un gobierno, sino reconstruir la confianza de un país cansado de la división. Tendrá que enfrentar una nación con heridas políticas, dificultades económicas y una ciudadanía que exige resultados. La historia demuestra que los países salen adelante cuando sus dirigentes colocan el interés nacional por encima de las disputas partidistas. Colombia necesita menos polarización y más liderazgo; menos discursos de confrontación y más soluciones. El futuro dependerá de recuperar la estabilidad económica, la autoridad institucional y la esperanza de millones de colombianos que esperan un país unido, próspero y gobernable.