
Poder e infidelidades

Escándalos de infidelidad sacuden a líderes mundiales, desde Clinton hasta Carlos III. ¿Por qué el poder atrae romances y cómo impactan en la imagen pública?
Por Arianna Córdoba Díaz Cada vez que la infidelidad – o la supuesta- de un hombre público trasciende a través de un medio de comunicación o las redes sociales se desata una polvareda que, así como puede terminar en una simple anécdota que al cabo de un tiempo solo es recordada entre sonrisas, puede adquirir tamañas proporciones que ponen en jaque presidencias, reinos y hogares. La historia universal está plagada de devaneos amorosos desde hace buenos siglos y hay sociedades en las que desde entonces y hasta nuestros días no dan mayor importancia a que sus gobernantes tengan esa moral distraída que les permite alternar parejas permanentemente o contar con su propio harén; otras no son tan tolerantes ante la traición y piden, que quien está en el poder, dé ejemplo de buenas costumbres. Y sí, hablamos de poder porque precisamente quienes lo ostentan en muchos casos no es que posean atractivo físico o personalidad dignos de admirar, pero por el solo hecho de ocupar determinada posición, parece que resultan "irresistibles" para cierto tipo de personas. En estos enredos llenos de picardía y algo más que despiertan el morbo colectivo, se recuerdan el protagonizado por el entonces presidente estadounidense Bill Clinton con una pasante en la Casa Blanca, Mónica Lewinsky, asuntico este que casi le cuesta el cargo al más poderoso de los hombres del Planeta. También recorrieron el camino de la traición a sus esposas – siendo presidentes de EE.UU- otros tantos mandatarios como John F. Kennedy, quien habría tenido amoríos con actrices de la talla de Marilyn Monroe y Ava Gardner, entre otras; también la historia cita a Warren G. Harding, quien habría sido el pionero de meter sus amantes en la emblemática oficina oval. Otros presidentes norteamericanos bastante "inquietos" -desvergonzados dirían algunos - en este sentido fueron Lyndon B. Johnson, Richard Nixon, Thomas Jefferson, etc. Sin embargo, no solo en Estados Unidos las calenturas presidenciales han dado de qué hablar; el hoy Rey de Inglaterra, Carlos III, bastante que hizo sufrir a su primera esposa Lady Di, siéndole infiel desde la misma luna de miel, con su hoy consorte Camilla Parker. En la Francia contemporánea fueron sonoras las vivencias del expresidente François Hollande que se escapaba de la sede de Gobierno en una motoneta para encuentros furtivos con su amante o la doble vida de Francois Mitterrand, que siendo mandatario era el patriarca de dos hogares, situación que sus hijos y mujeres aceptaron y el pueblo también. Esos son apenas unas cuantas de las muchas infidelidades que han coloreado la historia del poder en el mundo contemporáneo, pero, asalta la curiosidad: por lo general siempre los infieles intentan ocultar sus encuentros furtivos y a toda costa los niegan, aunque después todo se sepa… por eso llama la atención el hecho que en un caso reciente -no diremos nombres para no herir susceptibilidades- un supuesto infiel que ostenta poder salga a pavonearse agarradito de la mano en plan romance con una persona que no es su esposa muy a la vista de todos. Muy raro esto ¿o es que ya nada le importa y piensa que puede hacer lo que le venga en gana pasando incluso por el respeto que le debe a su familia? ¿o lo hizo adrede para tenderle una trampa a la prensa (de la que dice ahora es su enemiga)? ¿O es que quiere mandarle un mensaje a alguien y por ello esta argucia que parece libreteada por el autor de Sin tetas no hay paraíso? Paciencia, el tiempo lo dirá…