
Plátano maduro no vuelve a verde

El Festival Literario y Cultural de Mompox (Flimox) celebró su primera edición en diciembre de 2023, fusionando literatura y música con temas de libertad, resistencia e inmigración.
Por Fernando Negrete M. Entre el 2 y 3 de diciembre de 2023 se realizó el primer Festival Literario y Cultural de Mompox, Flimox, en una combinación de literatura con música gravitando alrededor de temas como la libertad obtenida a través de la lucha y la resistencia como vehículos de transformación para llegar a decir que "Me niego a morir" o "Ser libres o morir", y encontrar refugio en los espacios culturales para soportar la crisis de inmigración como un hecho que se ha acentuado en las últimas décadas por asuntos políticos. No podía faltar la conexión entre territorio y arte al utilizar este como una "herramienta poderosa para construir un futuro más libre y justo para todos" apoyándose en el conocimiento de la filigrana y como fuente de inspiración y creatividad, además de convertir la lectura en una especie de cántico celestial, asunto que se hace acompañar por la obra en concreto de ese talento explayado en la materialidad que tanto encanta los sentidos. En esta narrativa histórica se paseó el reconocimiento a la capacidad, al trabajo, la entrega, el sufrimiento, de muchas generaciones que, con su sudor y sangre, construyeron una "patria" que hoy se muestra ante el mundo como una "vitrina" para el disfrute, conocer y aprender de unas relaciones que tuvieron un alto costo y valor y hoy deben servir como lección para hacer las cosas de otra forma. Como los episodios escritos en poemas y relatos bailados que, pegados de la discriminación, la violencia, el racismo, afectan la vida de las personas y terminan estimulando, entre otros, la creatividad y muchas obras literarias, canciones, poesías, pero que bien analizados dejan todavía un sesgo de no superación de los conflictos y al final, prima el dolor, el sufrimiento, la mirada dura y oculta, perdiendo la posibilidad de educar y formar en la superación de las tristezas. En una especie de cambio de tercio, la alegría vuelve a su cauce cuando se habla de patrimonio cultural, inmaterial y arquitectónico, las formas, las palabras, tradiciones, creencias, personajes e historias que inspiran el poder de lo mítico y los símbolos como formas de comunicar una realidad que se ve, palpa, siente y transporta en el tiempo y nos hace afortunados por vivirla. El Magdalena y el Sinú son tributarios de una cultura que pasa y deja su estela de sueños, aspiraciones, ritmos en su contacto con cada toque de ribera, seco o crecido, viviendo su propia historia diversa, que supera los obstáculos y busca su mar, desata las amarras de retornar al pasado y no puede "bañarse dos veces en las aguas del río", porque la cultura no se ancla en lo que fue sino que busca renacer en cada momento caminando con la naturaleza que enseña que "plátano maduro no vuelve a verde".