
Pidiendo vía hacia la muerte

Los accidentes de tránsito en Córdoba se repiten al finalizar cada año, cobrando vidas. La imprudencia y la falta de control agravan la situación, demandando más medidas de seguridad vial.
Por José Armando Benítez Tuirán Da la impresión de que, cada vez que se acerca el final de año, las víctimas mortales en las carreteras del departamento se multiplicasen. Se está volviendo una dolorosa costumbre que cada día, especialmente los fines de semana, Córdoba se vista de luto por culpa de los accidentes de tránsito. Las causas suelen ser repetitivas, la imprudencia a la hora de conducir, el irrespeto a las mínimas normas de seguridad vial, el no uso de elementos de protección (Cinturón de seguridad o casco en el caso de las motocicletas) la folklórica, pero macabra combinación de alcohol y gasolina, el exceso de velocidad y últimamente, el uso de celulares mientras se conduce. Duele reconocer que seamos los humanos los únicos seres capaces de volver a tropezar con la misma piedra. Y duele más que esos tropiezos se cobren con pérdidas de vidas. Quizás por eso la solución más acertada en otros países ha sido la implementación de estrictos controles de velocidad y alcoholemia, acompañado por un agravamiento de penas del código penal y considerables multas económicas. Al parecer donde más nos duele es en el bolsillo, y por eso somos más dados a respetar las normas, cuyo incumplimiento comportan el desembolso de importantes sumas de dinero. Son contados los pueblos donde los motoristas utilizan casco, donde los pasajeros de los carros utilizan los cinturones de seguridad, o donde se hagan controles de seguro obligatorio, de luces, licencias de conducción, de alcoholemia, o de cualquier otro aspecto relacionado con la seguridad vial. Se tiene que acabar eso de aprender a manejar intuitivamente, de pasar del caballo a la motocicleta sin conocer las normas de tránsito, y sin saber cuál es la manera adecuada de circular. Cada cual es dueño y responsable de sus actos, faltaría más. Y es desde los hogares desde donde se debe comenzar a controlar el adecuado uso de los vehículos, especialmente de las motocicletas en los menores. Pero les toca a las autoridades ponerse las pilas e intensificar los controles. No es posible que menores de edad se pasen por el frente de los comandos de policía, sin casco y sin edad para conducir, como si nada. Está en manos de las autoridades policiales y gubernamentales ponerse serios. Y de ser posible, evitar este fin de año, que ya asoma: que la gente siga pidiendo vía hacia la muerte.