
Petro sí sabía

Nicolás Petro confesó que su padre, Gustavo Petro, estaba al tanto de la financiación ilegal de su campaña. Esto podría resultar en su renuncia, investigación penal y pérdida del cargo por violación de topes.
Por Rafael Nieto Loaiza Confesó Nicolás Petro que su papá sí sabía de la financiación ilegal de su campaña en el Caribe. Lo dicho, que está en video, no cambia porque después de que lo visitara en Barranquilla decidiera dejar de colaborar con la justicia. De acuerdo con esa confesión, Gustavo Petro debería renunciar porque su elección es ilegítima e ilícita y, además, debería ser criminalmente enjuiciado. El Código Penal sanciona a los candidatos y gerentes de campaña responsables de que se "excedan los topes o límites de gastos establecidos por la autoridad electoral". También, habría incurrido en falsedad en documento privado (por la alteración de las cuentas de la campaña), en fraude procesal (por haber inducido a error al Consejo Nacional Electoral) y, según algunos penalistas, habría también concierto para delinquir. Además, la Constitución dice que "la violación de los topes máximos de financiación de las campañas, debidamente comprobada, será sancionada con la pérdida de la investidura o del cargo". El primogénito, coordinador en la Costa Atlántica, narra que la campaña recibió dinero y aportes de Euclides Torres y que su papá "sí sabía perfectamente que Euclides era quien financiaba […] porque yo se lo mencioné varias veces [y] él y yo hablábamos de la financiación, que Euclides financiaba [y además] Benedetti siempre [se] lo recalcaba en presencia mía, que era Euclides el que estaba financiando". Por otro lado, lo dicho por Nicolás es la ficha del rompecabezas que permite entender la amenaza de Benedetti a Laura Sarabia de que si él contara quien financió la campaña se caería el Presidente y el nombramiento de ella en el DPS. Sarabia "sabía de cómo se financió la campaña en el Caribe". Los aportes de Torres se sumarían a los de de Santander Lopesierra y Gabriel Hilsaca, también confesados por Nicolás Petro, y a los gastos relacionados con el pago a testigos electorales y a los asesores internacionales de la campaña. Ninguno fue reportado y con cualquiera de ellos se violarían los topes. A semejante escándalo hay que agregar el del Pacto de la Picota, también confesado por Juan Fernando Petro, así como el de Casanare con el mafioso Sobrino y su mujer, suficientes para haber tumbado a cualquiera, y al que ahora, salpica a Verónica Alcocer no solo por recibir dineros para una "campaña paralela" sino por exigir y recibir "coimas […] beneficios burocráticos, contratación, etcétera". De lo confesado por su primogénito, de lo dicho por su hermano Juan Fernando, de los audios entre Benedetti y Sarabia, entre otras pruebas, se concluye que Petro ganó la Presidencia por el apoyo recibido por grupos violentos y de narcos a partir de acuerdos en las cárceles, que su financiación fue ilegal y violó los topes y que él lo sabía, que en su gobierno se trafican burocracia y contratos a cambio de coimas, y que en la recepción de dineros ilícitos están involucrados su hijo, su esposa y su hermano. Un gobierno y una familia metidos hasta el cuello en el crimen. Petro no tendrá la gallardía de renunciar. Pero la noticia criminal está ahí. La Fiscalía tiene que proceder contra los no aforados y trasladar lo de los aforados a la Corte. La Comisión de Acusaciones y el CNE deben actuar de oficio sobre lo que involucra a Gustavo Petro.