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Opinión

Petro, el 'reality show' en Palacio

Luis Manuel Espinosa
Luis Manuel Espinosa
Columnista
17 de abril de 2025

La apropiación gubernamental de medios socava la democracia, transformando la información en propaganda. El análisis crítico revela manipulación, polarización y el uso indebido de recursos públicos, socavando la transparencia y el Estado de Derecho.

Por Luis Felipe Henao Para filósofos como Luhmann y Habermas, los medios de comunicación son sistemas esenciales para la sociedad, pues en ellos se expresan acciones comunicativas a partir de las cuales los ciudadanos toman decisiones racionales. En virtud de ello, los medios deben estar fundados en los principios de pluralismo, integridad, objetividad y veracidad. Cuando un gobierno se apropia de los canales de comunicación, afecta gravemente la democracia y el Estado de derecho. En vez de debates técnicos, vemos declaraciones de amor, arengas ideológicas y largas cadenas de propaganda cuidadosamente producida. No es transparencia, es teatro. No es institucionalidad, es populismo. El propósito no es informar sino adoctrinar, posicionar herederos políticos, victimizarse y polarizar. Todo con recursos públicos, a través de todos los canales y sin permitirle al ciudadano cambiar de canal. La transmisión de estos consejos no tiene base legal. La Ley 182 de 1995 permite al Presidente dirigirse al país por televisión "en cualquier momento", sí, pero no autoriza al Gobierno entero a tomarse la pantalla. Las alocuciones son del Presidente, no del gabinete. Tampoco para hacer campaña. Por eso fue acertada la decisión del Consejo de Estado al suspender estas transmisiones: "No censuró a un presidente, frenó un atropello", y devolvió el equilibrio a una democracia que empezaba a parecerse a una escenografía autoritaria. No es transparencia, es teatro. No es institucionalidad, es populismo. El propósito no es informar sino adoctrinar, posicionar herederos políticos, victimizarse y polarizar. El Presidente ha dicho que quiere que el pueblo escuche las discusiones del Gobierno, pero lo que ha transmitido es otra cosa. En el primer consejo, Petro ungió a Gustavo Bolívar como candidato presidencial para 2026, y este le devolvió la cortesía con una declaración de amor en vivo. Mientras tanto, los verdaderos problemas del país no se mencionan: la crisis en el Cauca, el abandono del Catatumbo, el nepotismo del ministro de Salud, la crisis del Icetex, la inseguridad galopante, el deterioro del aparato productivo. Pero eso no vende votos. Mejor arengar, recitar y desviar la atención. Los operadores privados ya han advertido sobre las pérdidas millonarias que les generan estas cadenas obligatorias. Vendieron pauta publicitaria que el Gobierno expropió 'de facto'. El Presidente insiste en que se trata de interés público, pero la audiencia ya entendió que es puro 'marketing' político del Pacto Histórico. Y como si fuera poco, el 'show' sirve también para enviar mensajes a la justicia. Petro nombró a Armando Benedetti como ministro del Interior, a pesar de estar acusado por la Corte Suprema. ¿Coincidencia? Difícil. El propio Benedetti, mentor de esta estrategia, fue el primero en atacar al Consejo de Estado con tono desafiante: "No se alegren tanto. Esto será impugnado. Una tutela no puede ir en contra de la Ley 182". Lo que no dice es que la tutela no puede legalizar el abuso del poder. Petro desprecia a los medios tradicionales. Por eso creó su ecosistema: Rtvc, bodegas, 'influencers' con contratos públicos, 'hashtags' coreografiados y cortinas de humo constantes. Pero el problema para él es que la gente ya no le cree. Colombia no eligió un emperador. Eligió un Presidente. Y un presidente está obligado a rendir cuentas. Cuando la televisión se convierte en instrumento de culto a la personalidad, la democracia entra en cuidados intensivos. Las cortes deben resistir. Y el país, despertar. P. D. Resulta inaceptable el ataque del presidente Petro a Barranquilla, una ciudad que ha demostrado liderazgo en inversión, infraestructura y gestión pública. Es aún más indignante que lo haga quien tuvo a su propio hijo como diputado del Atlántico, hoy investigado por graves hechos de corrupción relacionados justamente con el financiamiento ilegal de campañas. Esto es doble moral, es cinismo.