
Peleador callejero

El presidente Petro, entre discursos de paz y un "acuerdo nacional", agravia a sus opositores. Su estilo confrontativo divide a Colombia, obstaculizando la reconciliación necesaria.
Es paradójico, que mientras el presidente Gustavo Petro, por un lado, habla de paz política y hasta ofreció un acuerdo nacional, por el otro se dedica a agraviar e injuriar a sus contradictores, solo porque no siguen sus directrices. Lo ocurrido con el presidente del Senado, Efraín Cepeda, no es más que un acto de grosería, de denosta la dignidad de un primer mandatario, que como un peleador callejero atropella a todo aquel que no está de acuerdo con sus posiciones. Petro ya trazó el camino de lo que se viene para el país en los próximos 16 meses que tiene de mandato y es muy peligrosa la ruta que tomó. El seguir dividiendo y polarizando un país, que hoy más que nunca necesita estar unido para afrontar los múltiples problemas que atraviesa, pero lo más importante, requiere reconciliación. El presidente no puede pretender con ofensas, que levantan aplausos momentáneos de una tribuna, unir a todo un país. Si bien este fenómeno no es nuevo en el ámbito político colombiano, las características particulares del actual presidente han exacerbado las tensiones ya existentes. Las críticas se centran, en gran medida, en la percepción de que Petro adoptó seguir con su estilo confrontativo, que le dio resultado como opositor, pero como Gobierno lo lleva al fracaso. No solo el presidente Petro es ofensivo, varios de sus cercanos colaboradores son igual y hasta peor que él.