
Pavimento, ¡claro! Pero más importante aún: el progreso

El barrio La Granja cumplió 66 años. Y eso me hace recordar que hoy en Montería, igual que hace 20 años, cuando hablamos de barrios y de progreso, casi toda la conversación sigue girando alrededor de lo mismo: obras, calles pavimentadas, metros construidos y anuncios.
Y sí, pavimentar sirve. Claro que sirve. Nadie puede negar que una calle pavimentada mejora la movilidad, reduce el barro, el polvo y dignifica en parte el entorno. El problema no es el pavimento. El problema es que durante años nos hicieron creer que eso, por sí solo, era progreso. Y no lo es. Porque mientras se inauguran 400 o 500 metros de concreto en un barrio, muchas veces dentro de las casas la realidad sigue exactamente igual. Familias endeudadas, jóvenes frustrados, madres angustiadas, padres sobreviviendo como pueden y una generación completa sintiendo que en Montería no encuentra cómo crecer. Esta semana una amiga me llamó desesperada. Me dijo algo que todavía me retumba en la cabeza: "Fredy, ayúdame con mi hija". Se volvió profesional con mucho esfuerzo. Yo trabajando en casas de familia y mi esposo manejando mototaxi, logramos sacarla adelante. Pero ya lleva dos años sin conseguir un empleo estable aquí en Montería. Y me dijo que si este mes no encuentra nada, le toca irse así sea a lavar baños en otra ciudad”. Y esa historia no es una excepción. Esa es la historia silenciosa de muchísimas familias monterianas. Ahí es donde uno entiende que el problema de Montería no es solamente de infraestructura. Es un problema de dirección. Porque hemos construido una ciudad que invierte mucho en lo que se ve, pero muy poco en lo que le pasa a la gente por dentro de sus hogares. Hoy, un kilómetro de pavimento urbano puede costar entre 4 mil y 5 mil millones de pesos. Y Montería todavía tiene decenas de kilómetros pendientes en barrios del sur, del norte, del occidente, del oriente y de la zona rural. Si seguimos al ritmo histórico de pavimentación, podríamos tardar décadas en completar todo lo que falta. Entonces la pregunta que nadie hace es esta: ¿Vamos a pasar los próximos 50 o 60 años inaugurando tramos de calles mientras las familias siguen atrapadas en la misma desesperanza? Porque el verdadero progreso no puede medirse solamente por el cemento. Tiene que medirse también por cuántos jóvenes consiguen oportunidades, cuántas familias logran estabilidad, cuántos hogares dejan de vivir en modo supervivencia. Montería necesita seguir haciendo infraestructura, sí. Pero al mismo tiempo necesita invertir con la misma fuerza en empleo, educación útil, tecnología, salud mental, emprendimiento, deporte, cultura y productividad. Necesitamos dejar de pensar que el desarrollo termina cuando se corta una cinta. Porque una ciudad puede tener calles bonitas y al mismo tiempo tener familias rotas, jóvenes yéndose, violencia dentro de los hogares y miles de personas sintiendo que trabajan todos los días únicamente para sobrevivir. Y esa es la verdad que ya no podemos seguir maquillando. Montería no necesita menos pavimento. Necesita mucho más que pavimento. Necesita una ciudad donde el progreso también se sienta dentro de la casa de la gente.