
Paso al costado

Los errores políticos, más propensos por la ambición, exigen honestidad y humildad. Ejemplos internacionales muestran dimisiones dignas, contrastando con la situación colombiana.
Por Selma Samur de Heenan Los políticos no están exentos de cometer errores. Muy por el contrario, tienen mayores posibilidades de equivocarse porque el ámbito en el que se desempeñan es mucho más amplio que el de una persona sin injerencia pública, en la que no influyen las veleidades del poder que conducen al desbordamiento de la vanidad, ambición, arrogancia y autoritarismo. En la esfera personal, lo correcto cuando nos equivocamos es pedir disculpas y reparar la ofensa. Pero en tratándose de la vida al servicio de otros, no es tan simple porque se defrauda la confianza colectiva que conlleva un mandato superior. En estos casos es necesaria una buena dosis de honestidad y humildad para enfrentar a la opinión pública, reconocer el error, y de ser preciso para el bien común, renunciar al ejercicio del cargo. Por su parte, la comunidad debe aprender de la situación, revisar si su actuación ciudadana, eligiendo mal o no participando, también hizo parte del problema para poder asumir los correctivos certeros. Para no herir susceptibilidades locales, traigo a colación algunos ejemplos de dirigentes públicos lejanos, que mostrando dignidad política, han dado un paso al costado, aliviando la magnitud del daño que pudiese causarse manteniéndose, a toda costa, en el control del poder. En Baviera el Presidente renunció por haber disfrutado de unas vacaciones en Brasil, pagadas por una empresa con intereses económicos en un negocio con el Estado. El ministro de finanzas de un estado alemán dimitió en enero de 2000 por llevar a su pareja a dos viajes de trabajo e igualmente en Alemania, la ministra de familia renunció porque su separación matrimonial podía generar incoherencia en el desempeño del cargo que precisamente trata de proteger la institucion familiar. Charles Kennedy, líder del partido Liberal-Demócrata británico, se despidió de su cargo en 2006 luego de que 25 de los 62 parlamentarios de su mismo partido, al enterarse de su problema de salud, firmaron una carta pidiendole la dimisión. Cierto Canciller de Canadá, dejó olvidados unos documentos oficiales en casa de su amante. Ella filtró la información, lo que ocasionó la renuncia inmediata del funcionario. En el 2012, al Presidente de Hungría, le demostraron que había plagiado algunos capítulos de su tesis doctoral realizada 20 años antes. Frente a esta situación, no solo renunció al cargo sino que se comprometió a realizar un nuevo doctorado. ¿Será que en Colombia han existido o existen, casos que puedan ameritar una actuación digna por parte de los funcionarios públicos, dando un paso al costado?