
Paros inducidos

Administrar no es un asunto de poca monta porque esto equivale a ejecutar, a realizar y en este punto, se percibe que la mayoría de la gente prefiere tener un empleo estable que le permita recibir unos ingresos para satisfacer sus necesidades básicas y disfrutar de las llamadas cosas buenas de la vida que terminan "aburriendo" a los que se exceden y no encuentran al final de cuentas, la deseada felicidad porque esta se da a otro nivel o dimensión.
Al cumplirse tres años del mandato del presidente Petro, se espera que este haya aprendido que la realidad dista de lo que pensaba hacer por cuanto el primer escollo que encontró es que una democracia tiene sus reglas montadas sobre la separación de poderes y que su llamado a que le llevaran la espada de Bolívar a su posesión fue la primera irregularidad cometida por cuanto violó los protocolos de custodia de esta insignia. Hoy que el país está cruzado por paros del sector productivo, de tomas y bloqueos de carreteras por comunidades que aprendieron del presidente el uso de las vías de hecho para protestar y exigir el cumplimiento de sus promesas y/o de la solución a sus problemas, y de los paros armados por los actores de la violencia que mantiene confinada a parte importante de la población en los municipios del país, vuelven al escenario los recuerdos de los duros años de los ochenta y noventa del siglo pasado. Esta situación se genera porque las alianzas y acuerdos para llegar al poder con sectores cuestionados de la política y corrupción, sin los cambios que requería el país teniendo la oportunidad durante décadas para hacerlos e internamente, porque la mayoría de los que llegaron a ser funcionarios carecían de los conocimientos y competencias, demostrado en la inestabilidad del gabinete y los desaciertos en la gestión, brillando por la poca ejecución de los proyectos del Plan de Desarrollo que logró armarse antes de la barrida de los primeros ministros. A todas estas, el factor fundamental de la situación del país, como algunos analistas dicen, es no haber visto al presidente con unas tijeras en la mano inaugurando obras de cualquier tipo, porque su visión de mundo era acabar con lo existente para levantar su mundo ideal sobre ideologías que nacieron con la revolución industrial a base de carbón, pero que evolucionó hacia la inteligencia artificial que acabará sin tanto ruido con los combustibles fósiles. En la antesala de este mundo, es de esperarse que la desatención a los problemas del país y sus regiones sea producto de lo que el presidente considera la normalidad: el paro, induciendo de esta forma a que la población representada en sus comunidades rurales y las urbanas vinculadas a los distintos sectores sociales, permanezcan en la calle en una eterna protesta.