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Opinión

Para una emergencia sin precedentes, una respuesta colectiva

José J. Vergara Díaz
José J. Vergara Díaz
Columnista
11 de febrero de 2026

Desde la medicina, las emergencias no se miden solo por centímetros de agua o por cifras de damnificados. Se miden por el impacto real sobre la vida, la salud, la dignidad y la capacidad de respuesta de una sociedad. Lo que hemos vivido en Montería y en todo el departamento de Córdoba durante estos días no tiene precedentes recientes; lo dice el territorio, los barrios anegados, las familias desplazadas y los servicios de salud tensionados al límite.

Cuando el agua sube, la enfermedad también amenaza con hacerlo. Aumenta el riesgo de infecciones, brotes, de descompensaciones de enfermedades crónicas, de accidentes evitables. En ese escenario, el liderazgo no es un discurso, es decisión, coordinación y presencia. Y aquí hay que decirlo con claridad: el alcalde de Montería, el gobernador de Córdoba y sus equipos de gobierno han asumido la crisis como lo que es, una prioridad absoluta. No desde la improvisación, sino desde la acción constante, el acompañamiento en el terreno y la articulación intersectorial que una emergencia de esta magnitud exige. Desde el punto de vista médico, uno de los hechos más contundentes de estos días ha sido la respuesta del talento humano en salud. Médicos, enfermeras, auxiliares, bacteriólogos, psicólogos, veterinarios, regentes de farmacia, socorristas y personal de apoyo han aparecido sin necesidad de llamados grandilocuentes. Voluntarios, disponibles y resolutivos. Donde hubo un paciente, hubo alguien dispuesto a atenderlo. Donde hubo una necesidad, apareció una mano entrenada. Esa es la verdadera fortaleza de un sistema de salud, la gente. Pero esta emergencia no se sostuvo solo desde lo institucional. Montería y Córdoba mostraron algo que no se improvisa en medio del desastre, la solidaridad real. Donaciones, fundaciones, rescates, viajes largos para ayudar a desconocidos, jornadas extensas bajo lluvia y cansancio. La sociedad monteriana y la comunidad cordobesa respondieron como responden las comunidades que no se resignan. No fue caridad de vitrina, fue trabajo, organización y compromiso. Han sido diez días duros. De poco descanso, de decisiones rápidas, de cuerpos cansados y mentes exigidas. Desde lo personal, han sido jornadas largas, pero también profundamente motivadoras. Porque incluso en medio del caos, cuando todo parece frágil, se reafirma el sentido del trabajo en salud, que no es sino estar donde más se necesita, cuando más se necesita. Esta crisis no se supera en una semana ni con un titular optimista. Falta camino, falta reconstrucción, falta vigilancia sanitaria y acompañamiento sostenido. Pero hay algo claro: hay liderazgo, hay equipo, hay comunidad y hay voluntad. Y con eso, incluso en los momentos más trágicos, se puede avanzar. Desde la medicina, desde el servicio y desde la reflexión, queda una certeza y es que no estamos vencidos. Estamos cansados, tal vez, pero también estamos organizados, comprometidos y decididos a seguir. Y eso, en cualquier emergencia, es el mejor pronóstico posible.