
Palabras a Bolívar…

Venezuela, desde 1998, es un espejo para Latinoamérica. El chavismo, la ilegitimidad democrática y la pérdida de libertades, son lecciones que no deben repetirse en la región.
Por Hernán De La Ossa Detrás de todo esto: un país democráticamente ilegítimo, un pueblo hastiado, un sistema electoral permeado. Queda más de una enseñanza. Las alarmas están encendidas desde 1998, cuando Hugo Chávez tomó posesión del mando nacional en Venezuela. Su don de la palabra, sobre todo para manejar las multitudes a su antojo, con un discurso esperanzador y un deslumbrante sentido del humor recubierto de patriotismo, lo hicieron para el pópulo, una insignia de la esperanza y el buen gobernar. Además, su investidura militar era una respetable carta de presentación que daba confiabilidad en sus acciones. A la postre, la canícula se oscureció y el resto de la historia se escribió con sudor y lágrimas. Un tropiezo. Sin embargo, deben existir herederos, del bien y el mal. En un lecho de muerte, el fratricida Maduro Moros recibe las banderas del chavismo y Venezuela acaba siendo lo que hoy es, una mina abandonada. Dos tropiezos. Dicho esto, recuerdo que mi madre, una dama muy caribe, preludia sus represiones y consejos con la frase "palabras a Bolívar, para que las escuche Santander" aquello no es otra cosa que una metáfora para instigar a los que a su alrededor escuchan, a tomar sus consejos y aprender del escarmiento, aunque vayan dirigidos a un receptor en especial. Pues bien, traigo esta expresión a colación porque de enseñanzas estamos habidos. De manera que es esto, lo que a la luz de la razón le corresponde hacer al resto de los pueblos latinoamericanos, escuchar las palabras a Bolívar, mirarse en el espejo de la historia, hurgar en las páginas tristes y contar dónde y cuándo aparece la palabra "dictadura" y evitarla a toda costa. Solo por mencionarlos, para que haya recordación, hablar de dictadura es hablar de Trujillo en República dominicana, de Castro en Cuba y de Somoza en Nicaragua, entre otros incontables. Pero no se trata precisamente de los personajes, es aún más doloroso la pérdida de la economía, la degradación de las libertades y las relaciones mercantiles, que son, entre otras, las consecuencias de un régimen autoritario. Consecuentemente, a la hispano América del siglo XXI le compete ser receptiva en cuanto a los devaneos políticos de sus naciones hermanas. Es nuestra obligación como latinoamericanos, forjar un carácter político que nos blinde de las asechanzas de los gobiernos ilegítimos y arbitrarios, resguardar la democracia y la libertad como nuestras únicas armas contra la iniquidad política y escuchar las palabras a Bolívar, que es un venezolano más que ha de estar estremeciendo su mortaja. ¡Gloria al bravo pueblo! ¡Fuerza Venezuela!