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Opinión

Oxígeno...

Silverio José Herrera Caraballo.
Silverio José Herrera Caraballo.
Columnista
28 de octubre de 2025

Las elecciones a los Consejos Municipales de Juventudes celebradas el pasado 19 de octubre en Sincelejo sacudieron el escenario político local con la fuerza de un estruendo inesperado. Como el Ave Fénix que renace de entre las cenizas, y tal como David cuando enfrentó sin miedo a un gigante que parecía invencible, una nueva generación de jóvenes irrumpió en el tablero político, desafiando estructuras añejas y orgullosas de sus viejos métodos. Lo ocurrido no es una anécdota electoral más. Lo que pasó en Sincelejo dejó en evidencia que algo está cambiando, y que ese cambio (aunque aún pequeño) ya no se puede esconder bajo la alfombra de la politiquería tradicional.

Durante décadas, los mismos apellidos, las mismas maquinarias y las mismas prácticas clientelistas dominaron la agenda juvenil, usándola como escalón o como adorno discursivo. Pero esta vez, listas independientes y organizaciones juveniles sin padrinos poderosos demostraron que sí es posible hacer política sin las mañas de siempre. El ejemplo más contundente lo dio la lista cerrada del Partido Oxígeno, encabezado en Sincelejo por Milagros Mercedes Muñoz Sierra, una joven profesional de 23 años, economista egresada de la Universidad de Sucre, quien junto a Eliana Caballero, Kelly Zapata, María Fuentes, Robert Chávez y Diego Buelvas, quienes recorrieron la ciudad y su zona corregimental durante más de cuatro meses, con una campaña austera, transparente y profundamente social. El resultado: 813 votos libres, suficientes para obtener una curul en el Consejo Municipal de Juventudes. No es un dato menor. Con esa cifra, Oxígeno (fundado en 1996 por Ingrid Betancourt) reingresa a la escena política Sincelejana no como un adorno, sino como un actor legítimo, con agenda propia y con la misión de ejercer un control político serio, técnico y vigilante sobre la política pública de juventudes. Era hora. Desde hace años Sincelejo necesitaba aire puro, sangre nueva y una bocanada de dignidad democrática, en realidad necesitaba un nuevo Oxigeno, Y aunque apenas comienza, la señal es clara: el tablero político local dejó de ser propiedad privada. Ahora bien, sería irresponsable romantizar la jornada. Porque sí hubo fallas, hubo compra de votos, y esto hay que evitarlo en las próximas elecciones, debe haber mayor control. Nadie en Sincelejo puede negar lo que todos vimos a plena luz del día. Hubo quienes repitieron la receta de siempre: el billete fácil, la conciencia alquilada, el voto reducido a mercancía. Pero incluso allí se reveló una verdad mayor: la maquinaria todavía compra, pero ya no garantiza victoria. Ese, en sí mismo, es un avance. Pero, aun así, lo que no se puede permitir es que el dolor de la derrota lleve a algunos a la calumnia. Una cosa es denunciar la podredumbre del sistema y otra, muy distinta, ensuciar lo que sí fue limpio. Oxígeno ganó sin ofrecimientos, sin la utilización de vehículos de alta gama transportando electores, sin promesas a los menores de edad, sin chequeras y sin caciques. Y eso precisamente, es lo que tanto incomoda a algunos, es eso precisamente lo que le da legitimidad a su triunfo. Desde esta columna, la invitación a los nuevos consejeros es clara: rompan los paradigmas. No repitan los vicios que durante años vaciaron de sentido la participación juvenil. Sean probos. Sean excelentes. Sean valientes. Que su voz no sea un eco, sino una herramienta. Que legislar no se convierta en posar para la foto, y que el Consejo no se transforme en un club de aplausos. La política juvenil debe elevar el nivel, no copiar los peores tics de la política adulta. Los resultados también dejan un mensaje alentador para la ciudadanía: Sincelejo volvió a ocupar el primer lugar nacional en participación juvenil (por segunda ocasión) y eso demuestra que la juventud no está dormida, sino esperando espacios dignos. Por su parte, Oxígeno Sincelejo obtuvo la votación más alta del partido a nivel nacional, un indicador contundente de que su irrupción no es casualidad, sino un síntoma. Oxígeno llegó, y llegó para quedarse. Que este renacer no se apague. Que el Ave Fénix no vuelva a las cenizas por culpa de la indiferencia o la corrupción. La nueva generación ya dio el primer paso; ahora le corresponde demostrar, con hechos, que la transformación no fue un impulso pasajero, sino el inicio de un ciclo político más transparente, más humano y más justo. Sincelejo lo merece. La juventud lo exige. Y la historia (no los aplausos) será la que tenga la última palabra.