
Origen de la mujer (I)

En Navidad, dejando atrás política, exploramos el origen de la mujer según la mitología griega. Pandora, "todos los regalos", surgió como castigo divino, un relato fascinante.
Por Rafael Hernández En esta época decembrina dejamos la realidad del país y la política a un lado y hablamos de cosas más agradables. Nos cuentan las Sagradas Escrituras que en la creación Dios hizo primero a Adán, lo durmió, le saco una costilla y de ahí salió Eva y de entre los dos salieron las generaciones de la humanidad. Sin embargo, de acuerdo a la mitología, el origen de la mujer es otro: en el relato de Hesíodo sobre los orígenes míticos de la humanidad, en el principio el hombre fue creado solo, sin mujer alguna que lo acompañara en su viaje por el mundo. La mujer haría su primera aparición no como abnegada pareja y compañera del hombre, si no como un castigo. Cuando el Titán Prometeo robó el fuego de los dioses, hizo un gran favor a la humanidad a un alto costo personal. En una existencia prácticamente libre de problemas, la humanidad a la que el dio el regalo del fuego fue creciendo y prosperando. Prometeo, en cambio, sería apresado y torturado eternamente por castigo de Zeus, que era un dios celoso y rencoroso. Lejos de alegrarse por la mejora de la suerte del hombre, el dios se sintió amenazado por la creciente confianza de los mortales. Zeus llegó a la conclusión de que, para corregir el equilibrio entre el poder divino y el humano, se requería alguna gran calamidad en el mundo. Esta calamidad fue la mujer. Por órdenes de Zeus, el dios herrero Hefesto se tomó el trabajo y moldeó con barro una compañera femenina para el hombre. Luego los demás dioses añadieron sus propias contribuciones a la figura de la mujer: Afrodita le dio belleza y sensualidad; Atenea, su habilidad en la costura y así sucesivamente. Hermes, heraldo de los dioses, le concedió el habla para que pudiera comunicarse, pero con ella también le dio el peligroso don del engaño. La recién creada era encantadora por su belleza, estimulante por su sonrisa y balsámica por su ternura. A la luz de estas cualidades, recibió el nombre de Pandora, que quiere decir “Todos los regalos”. Su solo nombre habría causado inquietud en Prometeo, quien previamente había advertido a su hermano Epimeteo que no aceptara ningún regalo de Zeus “para que nunca sobreviniera una desgracia a los mortales”.