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Opinión

Ordenamiento territorial del Estado: Debate de más de dos siglos

Óscar Pérez Palomino
Óscar Pérez Palomino
Columnista
30 de marzo de 2023

La organización territorial colombiana, un debate irresuelto desde la fundación del Estado, genera inconformidad. Intereses políticos y económicos dificultan definir el modelo, perpetuando la pobreza en la periferia.

Por Óscar Pérez Palomino Augusto Hernández Becerra señala que “el problema crucial de la organización territorial del Estado que no hemos podido resolver desde su fundación y que es la causa principal de inconformidad entre los colombianos, es la cuestión del reparto del poder entre los ciudadanos (…) de su real participación en los recursos y en la solución de sus problemas (…) y del grado de libertad que se estima conceder o reconocer a las diversas porciones de territorio. (…) Según la forma como se conjuguen tan diversos intereses, aparece una amplia gama de tipos de organización territorial”. “El Ordenamiento Territorial del Estado, es pues, un aspecto que no ha podido conciliar la opinión de los colombianos desde los primeros tiempos de la República hasta nuestros días. (…) En consecuencia se constituye en la actualidad de un debate que va para dos siglos (…) y es probablemente la más grande frustración constitucional de Colombia en su ya prolongada existencia republicana”. Cuarenta y tres (43) años de centralismo, treinta y tres (33) de federalismo, ciento cinco (105) nuevamente de centralismo, y treinta y dos (32) años de vigencia de la Constitución de 1991 y aún no se ha logrado definir el modelo territorial del Estado Colombiano. (…) Es grave la responsabilidad histórica de la Dirigencia Nacional y un elocuente testimonio de incapacidad política y de tenaz reincidencia en el error”. De manera que “la discrepancia no obedece a caprichos o ignorancia. Lo que ocurre es que tras el modelo territorial de Estado (o su inexistencia) se parapetan grandes intereses, para racionalizar el reparto del poder entre grupos económicos y políticos que forman la clase dirigente del país. Bajo teorías y formulismos jurídicos, una vez más, se oculta la cara del poder real”. En efecto, la organización territorial del país inducida hacia el centro de su territorio ha generado pobreza en la marginalidad, pues su poder ordenador se ha realizado en atención a las necesidades de las grandes ciudades, que no pasan de cinco, y si se incluyen las intermedias, alcanzan a sumar tan solo cien de los 1.103 municipios de nuestra nación. En tal virtud, las particularidades de los mil municipios restantes, que representan el 90% del país, no han sido tenidas en cuenta, con lo cual los indicadores de pobreza se han expresado en una precaria prestación de servicios básicos en salud, educación, agua potable y saneamiento básico. Débil presencia estatal en estos territorios de la nación, que son su inmensa mayoría, que surge como consecuencia del absorbente poder del centro, “que ofrece muy poco a cambio a la periferia”, según señala Domínguez Ossa.