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Opinión

Orates

Aníbal Paternina Padilla
Aníbal Paternina Padilla
Columnista
29 de noviembre de 2023

Sincelejo rinde homenaje a sus personajes más emblemáticos, aquellos que, con sus gestos y peculiaridades, marcaron la historia local. De "Pío" a "Peluca", sus vidas resuenan.

Por Aníbal Paternina Padilla Las personas se distinguen por actitudes, frases e historias que se tejen en torno de ellas. Se convierten en símbolos de familias, barrios, ciudades y comunidades enteras. Desde comienzos del siglo XX, Sincelejo ha albergado en su seno a orates o personajes andariegos, unos nativos, otros foráneos; algunos, aparentemente ofensivos, otros sonrientes, recorriendo las calles del pueblo. Fuera lo uno o lo otro, calaron en el corazón de la gente buena de Sincelejo que le abrían y le siguen abriendo las puertas de sus casas para dar un pedazo de pan a estos personajes, que de alguna manera deleitaban a los habitantes de esta tierra con sus ademanes, gestos y actitudes cantinflescas. Algunos se conocieron por sus nombres de pila, otros llamados por sus apodos. De muchos de ellos mencionamos a la Pata de Trinche, al Mono Márquez (Loco Peluca), Mingo Pata de Loro, Dámaso, Máxima Picante, Cristinita, Chicote, Niño Flojo, La Guacamaya, La Martillo, Cóbala Chevo, Garruflo, Mañungo, Montañito, Máquina Vieja, etc. A muchos no se les ha determinado en vida, a otros como a cualquier prócer de la patria se le construyó un monumento frente al histórico pozo de Majagual, como el caso de Francisco Manuel Contreras Bustamante (a.) Pío. Era un personaje andariego de Sincelejo que caminaba al menos 7 km diarios saludando a todo el que se encontraba a su paso, degustando siempre su tabaco chochoano. Murió en el 2000 a la edad de 81 años. Pero para esos personajes populares no faltó el verso de nuestro famoso lírida Pompeyo Molina: ^pueblo mío lejano que proyectas tu sombra en mi memoria/, con las siluetas de Peluca y Dámaso/. Domingos liberales de Macedonio Herrera/ con el rojo pañuelo atado al cuello, recorriendo en el burro taciturno/ que cargó la panela en la plaza principal^. Y no nos falta a los seres humanos senectud, la edad senil, la vejez para exponernos al irrespeto y a la burla sin hacerle daño a nadie. A diario oímos decir a los muchachos de distintas edades, ese viejo o esa vieja o ese limosnero en tono despectivo o insulto. Cuán errados andan estas gentes al creer que senectud es sinónimo de insignificancia o de bajeza; al contrario, para llegar a la edad senil se necesitan cualidades físicas, espirituales y morales las cuales en conjunto tienen la virtud de prolongar el tiempo sobre el hombre a cifras sorprendentes. Porque jamás llegan edad avanzada los crapulosos, tahúres, alcohólicos y delincuentes a castigar el cuerpo, resquebrajar la conciencia y mancillar el alma con acciones proscritas por las leyes civiles, morales y divinas.