
Observatorio: pataleo de ahogado

Ha llegado al extremo de agachar la cabeza y seguir las instrucciones de sus jefes, cual perrito faldero, del pusilánime excandidato a la presidencia Iván Zepeda, lo que le confirma al país que es una marioneta del actual presidente de Colombia, que en hora buena en cuatro semanas va a cesar la "horrible noche". En efecto, después de varios días de las elecciones de segunda vuelta, el candidato comunista no se había atrevido a reconocer el triunfo de Abelardo de la Espriella por miedo a su jefe, que podía desautorizarlo públicamente en cualquier momento.
Una vez todas las autoridades electorales, las instituciones en pleno, los organismos de control, los organismos internacionales y las veedurías extranjeras reconocieran que el proceso electoral fue transparente, y después de varios días, fue cuando el candidato comunista perdedor, vino a reconocer que el nuevo presidente de Colombia era el que le había ganado por más de 250.000 votos. Pero resulta que unas semanas después, cuando el candidato comunista perdedor, se reunió con su jefe camorrero e incendiario, cambió su posición en el sentido de no reconocer al presidente electo si no renunciaba a su nacionalidad de los Estados Unidos y convocó a una desobediencia civil. ¡Haberse visto cuánta irresponsabilidad e ignorancia! La desobediencia civil puede tenerse en cuenta o definirse como cualquier acto o proceso de oposición pública a una ley o a una política adoptada por un gobierno establecido, cuando el autor tiene conciencia de que sus actos son ilegales o de discutible legalidad y es llevada a cabo y mantenida para conseguir unos fines sociales concretos. No es el caso que plantea el derrotado candidato comunista. Su argumento es que el presidente electo tiene nacionalidad gringa. La Constitución colombiana establece taxativamente cuáles son los requisitos para ser presidente y dentro de ellos no establece como inhabilidad tener doble nacionalidad. Al candidato comunista perdedor hay que recordarle que tiene que respetar la democracia y aceptar el resultado de las urnas, reconociendo al gobierno legítimamente electo. A partir del 7 de agosto, la cosa es a otro precio y se impondrá el orden y el respeto a las instituciones. La fuerza pública cumplirá su misión y no será "la primera línea" la que imponga el caos y el desorden. Se acabó la tolerancia y los beneficios a los grupos ilegales. Llegó la hora de salvar a Colombia.