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Opinión

Observatorio: las encuestas cuestionadas

Rafael Hernández Mestra
Rafael Hernández Mestra
Columnista
19 de mayo de 2026

En esta campaña, que pronto terminará, las firmas encuestadoras, tanto las nacionales como las extranjeras, se encuentran en el ojo del huracán por las inconsistencias en su desarrollo y a algunas ya se les abrieron investigaciones administrativas por parte de las autoridades electorales.

Esta campaña, guardadas las proporciones, tiene algo de similitud con la que se dio en el año 1994 para elegir presidente de la república. En ese momento, los dos principales contendores fueron el liberal Ernesto Samper Pizano, que había sido ministro de Desarrollo de César Gaviria, y el exalcalde de Bogotá Andrés Pastrana Arango, un delfín más en la historia política nacional del siglo XX, rotulado por tradición familiar como conservador. A estos dos personajes, y en nombre de exóticos o circunstanciales movimientos, se sumaron las ambiciones de dieciséis soñadores; tres mujeres y trece hombres, con escasas o ninguna posibilidad de alcanzar siquiera dos o tres dígitos en los porcentajes de preferencia popular (tal como ocurre hoy con muchas candidatas que están en la cola de las encuestas). Cabezas (en su mayoría, de grupos abusivamente llamados "partidos") creados a la carrera entre peleas de gallos y medianoche, para satisfacer la vanidad de esotéricas charlatanas, como Regina Once, o de ansiosos usufructuarios de pasajeras burbujas de popularidad, caso del general Miguel Maza Márquez. Por su parte, para obtener la credencial de candidato oficial de su partido, a Samper le tocó someterse a la llamada "consulta liberal", realizada simultáneamente con las parlamentarias en el mes de marzo y en las que se impuso por un amplísimo margen. Una "consulta que en rigor de verdad" no fue más que una gran encuesta de popularidad financiada por el Estado colombiano, ante la total incapacidad del liberalismo para organizar sus elecciones internas. Definida de esta económica manera su candidatura oficial, Samper se dedicó a reforzar su numeroso equipo de trabajo y nombró a un destacado personaje de la sociedad bogotana, Fernando Botero Zea, como director en su campaña. Siguieron con la costumbre de contratar firmas encuestadoras. Samper contrató las suyas y la campaña de Pastrana la de él, y cada campaña tenía cifras diferentes, pues al fin y al cabo las encuestas las gana quien las contrata. Ganadas las elecciones por Samper, a los cuatro días Pastrana entregó a los medios copia de un casete con unas grabaciones que dieron origen al proceso 8.000.