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Opinión

Observatorio: la intolerancia

Rafael Hernández Mestra
Rafael Hernández Mestra
Columnista
12 de mayo de 2026

La intolerancia es la falta de habilidad o voluntad para aceptar ideas, creencias, prácticas o personas diferentes, a menudo ligada al prejuicio, formalismos y discriminación. Se manifiesta como inflexibilidad, rechazo social o violencia, aunque mirándolo desde la óptica médica, se refiere a la incapacidad digestiva o metabólica de procesar ciertas sustancias.

En la intolerancia cultural o política no se aceptan costumbres y tradiciones de otras personas, de raza, de opinión, de otra comunidad, sexualidad, religión o país. En este sentido, la intolerancia resulta ser cualquier actitud en el plano de las ideas; se caracteriza, por ejemplo, por la perseverancia en la propia opinión, a pesar de las razones que se puedan escribir contra ella, por lo que supone cierta dureza y rigidez en el mantenimiento de las propias ideas, y la consecuencia es la discriminación dirigida a personas o grupos por el hecho de que estos piensen, actúen o simplemente sean de manera diferente. Así se apele o no a la historia, sobresalen las explicaciones de la violencia como resultado de la intolerancia, un valor negativo que con frecuencia se identifica con la nacionalidad. El rango más chocante de la personalidad colombiana es nuestra asombrosa incapacidad para resolver conflictos, debido, entre otras razones, a nuestra intolerancia, nuestra manía de negar al otro y nuestra agresividad generalizada. Esta noción se repite, una y otra vez, en calidad de axioma que, por lo tanto, no necesita demostración, ya que lamentablemente somos una sociedad tan radicalizada e intolerante; vivimos en el país del odio, de reacciones evolutivas y primarias, un país fanático, voluble, caribe e intolerante. Allí, creería yo, estaría el origen de nuestros males. Los grupos de extrema derecha o izquierda, las masacres, el desplazamiento interno, habrían sido generados por una sociedad intolerante, cerrada y discriminatoria, ya que, desde muy temprano en nuestro país, se dio esa tendencia a excluir y descalificar a los otros, ya que nos ha traído hasta las cimas de intolerancia y de hostilidad social que hoy padecemos. Así como se dice que hemos sido un país históricamente violento, también podemos decir que nos ha dominado siempre una tradición de intolerancia. La intolerancia políticamente nos vino, en forma más reciente, desde 1930, cuando Enrique Olaya Herrera, liberal, con la división conservadora, ganó la presidencia. Hoy, esa intolerancia llega hasta una puñalada por pisar a un pasajero en TransMilenio.