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Opinión

Observatorio: la corrupción en el gobierno

Rafael Hernández Mestra
Rafael Hernández Mestra
Columnista
14 de abril de 2026

No hay colombiano que no sepa que la corrupción en Colombia ha llegado a niveles escandalosos, bastante más altos que los promedios internacionales, y ello en un mundo en el que, en todos los países, los más variados, enormes y descaradas corruptelas son el pan de cada día.

En el país hay conciencia de la gran corrupción del sector público, hasta el punto de exagerarla: cada funcionario y cada político es corrupto, se afirma, idea que tiene origen en que es verdad que hay corruptos por montones y en que los medios de comunicación (bien llamados formadores de opinión) siempre tienen un caso para mostrar y se ensañan en algunos. Pero, al mismo tiempo, es llamativo, aunque no extraño, que de la percepción de corruptos se excluya, en todo o en enormes proporciones, a la empresa privada, a pesar de que es imposible robarse cualquier cosa de importancia en el Estado sin tener por lo menos un socio o compinche en el sector privado e incluso puede suceder que los recursos públicos se los roben entre privados, cuando logra engañarse al funcionario que tiene entre sus funciones impedir el fraude. Exceptuando las corruptelas relativamente menores (como robarse insumos de papelería o de aseo en las oficinas), la corrupción pública no es un delito del yo con yo. De ninguna manera, es un crimen que se hace en asocio con privados corruptos, como ocurre cuando el funcionario actúa con dolo en beneficio de un contratista de obras públicas, de una transnacional, un banquero, un importador, un narcotraficante o un contrabandista (papá pitufo). Que la gran corrupción privada sea ignorada por muchos no obedece a que no exista o a que sea de montos menores, sino a que en la empresa privada haya un pacto para no sacarse los trapos al sol, ni en torno a las conductas lícitas ni a las ilícitas, y porque los formadores de opinión suelen pasar sobre ella con la mayor rapidez. Y es muy grave que esto ocurra porque ninguna lucha en serio contra una corrupción en extremo destructiva podrá darse si se parte de ocultar la existencia de una de las partes inherentes al proceso. Señalar la muy amplia y creciente corrupción como característica de la actual sociedad colombiana en el sector público y en el privado no significa que todos sean corruptos. No. Porque no es verdad y porque contiene el veneno de fomentar la desnaturalización y la idea de que este país no tiene arreglo.