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Opinión

Observatorio: el poder fragmentado

Rafael Hernández Mestra
Rafael Hernández Mestra
Columnista
28 de julio de 2026

Cualquier revisión de la historia del Estado y sus gobiernos en Colombia no tardaría en descubrir una de sus características más notables: la existencia limitada del poder, de manera persistente, desde los inicios mismos de la república.

La limitación histórica del poder entre nosotros tiene una base material en la geografía, condicionante de los patrones de poblamiento del territorio y de una economía generalmente pobre. En las últimas décadas, sí se hizo quizá demasiado énfasis en la idea de un país conformado débilmente por un archipiélago de regiones. A pesar de la abrupta topografía, el sistema fluvial de los ríos Magdalena y Cauca ofreció desde siempre un medio de comunicación natural entre las distintas provincias, sin paralelos en Latinoamérica.  Las regiones, por ello, nunca estuvieron aisladas del todo y alcanzaron a desarrollar un temprano sentimiento nacional, cuyas dimensiones siguen aún sin ser debidamente apreciadas. Hay que reconocer, sin embargo, la vitalidad histórica de las regiones y, por consiguiente, la multiplicidad de focos de poder. A diferencia, por ejemplo, de Chile, Argentina o Venezuela, la capital del país no pudo imponer su dominio sobre toda la nación, un resultado del relativo equilibrio de poder entre las provincias. Desde la década de 1930, se hablaría con algunas frecuencias del eje Bogotá-Medellín-Cali. Y Bogotá, es cierto, ha adquirido un mayor protagonismo en años recientes. Pero las regiones sobreviven con extraordinario dinamismo a pesar de la desidia y el abandono de este nefasto último gobierno central. Todas las constituciones que ha tenido Colombia, desde la Constitución de Río Negro de 1863, pasando por la Constitución de 1986 hasta llegar a la actual de 1991, todas han sido presidencialistas, donde se establece que el presidente es el mayor jefe de Estado, jefe de Gobierno, suprema autoridad administrativa y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, pero, manteniendo la independencia de poderes entre las ramas Ejecutiva, Legislativa y Judicial, el gobierno que está por terminar quiso acabar con dicha división de poderes.  Ahora, el presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha dicho, y de hecho lo está haciendo ya, que va a darle más importancia a las regiones, departamentos y municipios, y ha empezado con lo que ha denominado "Empalmes territoriales", en donde habrá una comunicación más directa con estos entes territoriales para mirar más de cerca sus necesidades y sus soluciones. Es por ello que ya tiene sedes alternas para despachar, que serían Bogotá, Barranquilla y Medellín.