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Diciembre invita a conectar con la fe y el amor. El espíritu navideño reside en el corazón, irradiando luz y promoviendo acciones positivas para crear oportunidades.
Por Gonzalo Gallo González Diciembre es un mes que, si lo quieres, te trae alegría gracias a lo que se llama "espíritu de la Navidad". Es un espíritu o una actitud de más conexión con Dios que vive en ti de modo constante. Ser consciente de su amorosa presencia borra la soledad y te mueve a vibrar en amor verdadero. Pocas personas tienen a Dios bien presente, aunque digan que creen en él y que lo aman con todo su ser. En Navidad muchos hacemos un lindo pesebre como homenaje a Jesús. Pero el mejor pesebre debe ser tu corazón. O sea, cree de verdad que la Energía Divina siempre está en tu interior y te llena de paz, de amor y de luz. Las luces navideñas deben moverte a ser luz para todos con tu buen actuar y el amor que irradias. Ámate y ama, para que el espíritu de la Navidad inspire a todos a ser amorosos trabajadores de la luz. Hay dos clases de personas: los que esperan una buena oportunidad, y los que con ánimo crean esa buena oportunidad. Hay dos clases de personas: los que son arquitectos de las circunstancias, y los que son víctimas de ellas. Tú, con tu libre albedrío, eres libre para creer o para dudar, para aportar o para criticar, para sumar o para dividir. El gran líder sudafricano Nelson Mandela dijo con sapiencia: "donde estés, sé un unificador, nunca un divisor".