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Opinión

Nutrición algorítmica

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
5 de julio de 2026

En los años 90 del siglo pasado, organizaciones contra el hambre y la empresa Nutriset idearon una fórmula para sacar a los niños del llamado estado fisiopatológico de desnutrición aguda grave. Para el efecto, se basaron en estudios que demostraban que, suministrándoles a esos niños una pasta rica en nutrientes y calorías, el enfermo se estabilizaba en pocos días y comenzaba a recuperarse satisfactoriamente en las próximas seis semanas, superando la condición de homeorresis, en la que el organismo se adapta a las carencias metabólicas en aras de la supervivencia.

Como suele suceder con los nuevos hallazgos, hubo júbilo y, por supuesto, en el acto comenzaron a implementarse políticas contra la desnutrición, olvidando que esta situación depende de muchos factores, entre los que prevalecen las penurias sociales y económicas. Es decir, que si un niño supera su estado de desnutrición aguda grave con las fórmulas en cuestión y luego regresa a su hábitat, en el que se incubaron sus deficiencias nutricionales, de poco nos podríamos ufanar. Sabido es que detrás de la medicina existen intereses industriales que, mal interpretados, contribuyen a desnaturalizar el acto médico. De otro lado, un joven profesional sometido a guías y protocolos, como si el enfermo cupiera en los algoritmos como el pie en el zapato, puede incurrir en el despropósito de no individualizar el problema, pasando por alto aspectos genéticos y ambientales que determinan la reacción a la enfermedad, y de ese modo, para el caso que nos ocupa, no distinguir los diversos elementos que configuran el crecimiento y el desarrollo, llevándolo a interpretar de manera absoluta los parámetros de peso, talla, perímetro braquial, etc., como si todos los seres humanos fueran medibles con la misma vara. Esos intereses industriales determinaron decisiones de Estado que, con la mejor buena voluntad, supusieron que un grupo multidisciplinario de jóvenes promotores, atenidos a los protocolos mencionados, yendo a los territorios a detectar patologías prevenibles, le harían un bien a la comunidad, cuando a la larga terminaron convertidos en instrumentos de la demagogia, porque, para lo que se pretende, es mucho más efectivo y económico fomentar la alimentación al seno durante los dos primeros años y hacer obligatorias las vacunas, lo que se logra con masivas campañas de educación e información a través de los medios. ¿Alguien le enseña al ternero a pegarse de la ubre de la vaca?