
Nueva historia

La Revolución Francesa impulsó democracia y cambios. Capitalismo y comunismo emergieron, buscando justicia social. Tras el fracaso comunista, la cooperación global y el avance tecnológico marcan el presente.
Por Fernando Negrete Montes Hace 234 años de la revolución francesa que dio paso al sistema democrático en occidente que estuvo acompañado por un movimiento en las ciencias y el conocimiento del hombre que permitió cambios en la historia que siguió dos vías: la que propició el modo de producción capitalista que se irradió por todo el mundo de forma desigual y la que impulsó el comunismo como sistema de producción para acabar la inequidad y la injusticia social, como objetivos. Sobre el capitalismo se puede decir que fue resultado de la evolución de la sociedad pasando por diferentes modos de producción y teniendo en el mercado la herramienta propicia para realizar la producción y satisfacer las necesidades de las personas y cuya parametrización es obra de las ciencias administrativas, económicas y contables que diseñaron los instrumentos para modelar el sistema y el derecho que reguló estas relaciones. Por el lado del comunismo y con Carlos Marx y Federico Engels a la cabeza, diseñaron lo que sería el modelo de sociedad sin clases y donde a cada quién se le daría de acuerdo con sus necesidades y bajo el liderazgo del proletariado, trabajadores asalariados, que construirían una sociedad donde todo el mundo sería asalariado, asunto que vino a "resolverse" con la revolución rusa de 1917, que llevó al poder al partido comunista en nombre de los trabajadores. 60 años después, la sociedad rusa que en su expansión llegó a estar constituida por 16 repúblicas, se levantó por la falta de libertad, corrupción y pobre economía, propiciando un tránsito hacia la economía de mercado y la independencia de la mayoría de sus estados, floreciendo dentro del panorama mundial como naciones de gran valía. Se pasó a una etapa de cooperación entre las naciones para avanzar por el mismo camino, se instaló la estación orbital internacional, se acentuó la lucha contra el cambio climático y en los últimos 30 años se ha dado el mayor avance tecnológico y bloques económicos con la apertura de las fronteras entre los países. Si estas transformaciones iban rumbo a la desaparición de la lucha de clases y la cooperación internacional, el desarrollo de las artes y la ciencia como la nueva historia producto del respeto a la naturaleza y la libertad individual, la igualdad de derechos, la justicia social y el bienestar económico, no tiene sentido regresar a etapas superadas repitiendo la historia no como comedia, sino como tragedia.