Nuestros impuestos
El alcalde de Barranquilla critica al gobierno central, afirmando obras sin apoyo nacional. ¿Es viable la independencia financiera regional? El análisis revela desafíos y oportunidades para Colombia.
Por Rafael Negrete Quintero El alcalde de Barranquilla, Alex Char, lanzó una dura crítica al gobierno central mientras entregaba unas obras a la ciudadanía en su amada Barranquilla. Palabras más, palabras menos, dijo lo siguiente: "Allá que sigan hablando paja todo el día, que para eso es que son buenos, que aquí estamos ejecutando obras con nuestros impuestos. No hay un solo peso de Bogotá. Aquí no hay Ecopetrol, ni EPM, solo son los impuestos de los barranquilleros." Pues qué bien por Char que anda invirtiendo bien los impuestos de sus ciudadanos al parecer. La ciudadanía se lo reconoce, y por eso han mandado en Barranquilla los últimos 20 años. Pero habría que ver qué tanto de ese discurso es cierto y si es cierto que en este país las regiones pueden vivir sin el apoyo del gobierno central. Los paisas, por ejemplo, buscando terminar las obras que al parecer el gobierno central no quiso financiar, salieron a hacer una "vaca" que quedó a medias. No solo no lograron recoger los 600 mil millones de pesos que aún les hacen falta, sino que ni siquiera estuvieron cerca de alcanzar un porcentaje importante de recaudo. Esto pasó, no lo olvidemos, en el segundo departamento más rico del país, que tiene muy buenas fuentes de ingresos propias. Y es que, a pesar de las alzadas de voz de los mandatarios regionales, este sigue siendo un país extremadamente centralista. Todas las grandes obras de cada una de las regiones del país han sido financiadas por el gobierno central. Los aeropuertos, las grandes vías y, por supuesto, todos los sistemas de transporte masivo. Decir, pues, que con los impuestos de los ciudadanos alcanza para lanzar planes de inversión ambiciosos en cada ciudad provinciana es todavía una quimera. A lo que sí se debería apuntar es a seguir generando sentido de pertenencia por las ciudades y, por tanto, a que cada quien pague lo que debe en materia de impuestos. Un esfuerzo colectivo que da frutos cuando las administraciones son comprometidas con sus ciudadanos. Un gana-gana tanto para el que realiza las obras como para el que las recibe, un gana-gana para cada región y para el país en conjunto. Fomentar una cultura de responsabilidad fiscal y participación ciudadana puede contribuir a la realización de obras y proyectos que beneficien a todas las comunidades. Quién quita que las afirmaciones de Char sean, en un futuro cercano, una realidad para muchos municipios de Colombia. Quién quita que podamos afirmar que este país crece desde la periferia y no solo desde el centro. Un futuro visto desde regiones fuertes, también es posible.