
Nuestro jardín literario

Hoy recordamos a Juan Agustín Paternina Montes, escritor sincelejano, al cumplirse 124 años de su natalicio. Su obra poética y prosaica enaltecen la literatura colombiana.
Por Aníbal Paternina Padilla Iniciamos nuestra columna de hoy rememorando al escritor, poeta, historiador y ensayista sincelejano Juan Agustín Paternina Montes al cumplirse 124 años de su natalicio. Sin ambición de lauros, sin miras de lucro y solo por el amor a su tierra es el autor de varios libros publicados, entre los cuales figuran Sincelejo en el pasado, En los fastos de la historia, Juventud obrera y Viacrucis. Su obra poética ha sido elogiada por reconocidos líridas del parnaso colombiano. Conoció el corazón humano, la índole de la gente y el movimiento intelectual y político del país, sobre lo cual siempre lo vimos discurrir con mucho tino y prudencia. Sus trabajos en versos están consignados en bellos poemas como Moralidad, Desde la cima de la Sierra Flor, La monjita, Desde mi alcoba, A mi madre, Mi tierra soñada, etc. "Sobre la abrupta y bella serranía, el sol refulge y lanza sus destellos, allí enclavada la ciudad mía, mi amada tierra que se llama Sincelejo". Su buen ejemplo en la historia y la literatura lo hemos seguido sus descendientes con responsabilidad y constancia. Murió en Sincelejo en 1970. Y ahora, una ojeada rápida nos deposita al nivel de otros valores de nuestra patria, que será la constructora del satélite literario, pues sus poesías y obras en prosa quizás hagan inspirar y vocalizar sus talentos para que transmitan desde lo alto la belleza que resaltan esos paisajes hasta saturar de obras poético atmosféricas nuestro ambiente. No solo se deben pasar por nuestro suelo patrio los arroyos que con su murmullo arrebatan de nuestras venas literarias dulces versos. También se divisan los prominentes picos de la cordilleras hasta donde se elevan los cerebros colombianos "imitados por el demonio" como decía Demóstenes, ni se deja oír el lloriqueo de las fuentes, cuyas lágrimas emergen al exterior coºmo lo hace el sudor lírico de nuestra patria, producto de la intuición, sino que desde nuestra infancia se oyen reminiscencias de Caro, Cuervo, Suárez y así sucesivamente. Al transportarnos más adelante, las facultades cognoscitivas nos llevan a observar a aquellos que de generación en generación viene él cultivando en su trayectoria el jardín literario de Colombia, grandes versados como - mi tío Juan Agustín - en la palabra de la cultura, haciendo reflejar sus plumas en brillantes obras. Aquí surgen exponentes como José Eusebio Caro nacido en 1817 constituyéndose en una esperanza para las letras colombianas. Aparecen Marco Fidel Suárez, Rafael Pombo, que con Silva forman la arcada romántica nacional. Y luego llegan los Valencia, Caballero, Calderón, Sanín Cano y Arciniegas.