No vamos a parar
El sector privado colombiano teme expropiaciones indirectas por políticas del gobierno, lo que frena inversiones. Empresarios advierten sobre despidos y fuga de capitales si la situación persiste.
Por Sergio Arenas PS ha traído zozobra sobre el futuro de Colombia. El sector privado siente que la amenaza de las expropiaciones indirectas es una realidad, generando retracción en los planes de inversión y crecimiento de las compañías que, como siempre lo he dicho, son las únicas que pueden hacer de este país uno viable. Sin embargo, el miedo vuelve a tomarse las empresas, sensación que de mantenerse, puede convertirse en pánico, o en otras palabras, en despidos masivos, suspensión de ampliaciones, reducción de operaciones, movimientos de capital al exterior y, por último, bloqueos en las calles. Con esto último no estoy diciendo que no salgamos el 21 de abril a protestar, porque deberíamos salir masivamente; me refiero a que el último recurso de las empresas sería parar sus operaciones, y por ende al país. Para Colombia esto significa abrir la compuerta para otorgar facultades extraordinarias constitucionales al Presidente, dotándolo de un poder superior, derivado de la Constitución de 1991, la cual prevé tres institutos de excepción: la guerra exterior, la conmoción interior y la emergencia económica, social o ecológica. Por lo anterior, el sector privado debe entender que la mejor estrategia para mantener el orden y la fortaleza de las instituciones democráticas de nuestro país, es no parar; no parar de producir bienes y servicios; no parar de ampliar los negocios; no parar de contratar personal; no parar de invertir; no parar de exportar. No parar de creer en Colombia. Nosotros, los empresarios, somos los únicos que podemos parar el país, porque tenemos la posibilidad de parar la producción, de parar los servicios, de parar las contrataciones, de parar la movilidad y hasta la infraestructura. Por eso no podemos parar, porque la mayoría de los colombianos queremos que este país crezca y se desarrolle entre las diferencias propias de la democracia. Si paramos, abrimos la puerta para que una sola persona decida por Colombia. Definitivamente no vamos a parar, y vamos a protestar sin parar. Vamos a trabajar y vamos a volver a entonar la estrofa de nuestro himno nacional: ¡Cesó la horrible noche! La libertad sublime derrama las auroras de su invencible luz... Colombianos: No vamos a parar.