
"No me dejan gobernar"

El dinero, invento clave de la humanidad, evolucionó desde el trueque hasta la economía digital. De la esclavitud al trabajo asalariado, el Estado intervino para regular crisis y hoy exige formación.
Por Fernando Negrete Montes El dinero ha sido uno de los grandes inventos de la humanidad y su paternidad no se le puede atribuir en exclusivo a un sistema económico porque desde la antigüedad se realizaban transacciones que ponían de manifiesto la necesidad de un equivalente general que permitiera obtener las cosas que una persona o comunidad requerían, a la par que, al pasar de una economía primitiva de recolección a una productiva, surge el trabajo al servicio de otro que debía pagarse. Largo período de la humanidad que para simplificar se clasifica en esclavismo y feudalismo, sin que ello implique que eran únicos y puros, pero sí dominantes en sus respectivas épocas y que sufrió grandes transformaciones cuando la sociedad se organizó en empresas productivas y emergió el trabajo asalariado como forma de vincularse a la producción y el dinero se convirtió en el medio de pago por excelencia y facilitador de las relaciones comerciales entre los pueblos. Es el surgimiento de la economía con su propio objeto de estudio, año 1750, al establecer los factores que determinaban el origen de la riqueza de las naciones, el papel del trabajo y su división en el tránsito del artesanado a la gran industria, período conocido como los clásicos de la economía, con un enfoque macro o global sobre el sistema económico que luego es perfeccionado con el enfoque centrado en lo micro o empresa conocido como reinado de los neoclásicos. Tanto los clásicos como los neoclásicos concebían al Estado como un agente facilitador de los procesos económicos y centrado en las labores de defensa, justicia, sin intervención en el sistema productivo porque este a través del mercado, fijando los precios se autorregulaba, asunto que finalmente llevó a las recurrentes crisis de sobreproducción porque la demanda era inferior a la oferta, coincidente con la sobreexplotación del trabajo asalariado. La respuesta a estas crisis es el activismo del Estado en la economía quien debe regular las relaciones económicas e intervenir por el lado de la demanda, aumentado el gasto público vía inversión, época floreciente de la posguerra del siglo XX que llevó a los Estados Unidos y Europa al liderazgo planetario, mientras China y Rusia se iban por el lado del socialismo y América latina por la sustitución de importaciones con alta injerencia estatal. El colofón de esta historia es que la teoría económica se depuró y en sus procesos no solo se considera lo financiero, sino lo social, ambiental y humano, montados sobre modelos de alta elaboración y eficiencia hasta llegar a la economía digital de hoy, que exige formación, experticia y control, para seguir evolucionando y no anclarse en las teorías de hace 60 años e implantarlas a regañadientes pasando por encima de las aspiraciones y bienestar de la gente y victimizarse exclamando: "no me dejan gobernar".