No es tan simple
El debate sobre la legítima defensa en Colombia se enciende tras un tiroteo en Bogotá. El profesor Yesid Reyes analiza el caso y la complejidad jurídica, cuestionando la venganza y la inoperancia estatal.
Por Rodrigo Javier Parada En su más reciente columna, el profesor Yesid Reyes se refirió a lo ocurrido hace algunos días en Bogotá, cuando un ex miembro de la policía accionó su arma de fuego en contra de dos sujetos, luego de haber sido víctima de un hurto en un establecimiento de comercio. Los ladrones (que así hay que denominarlos, sin eufemismos) huyeron y metros más adelante fueron alcanzados por el ciudadano que les propinó varios disparos con su arma de fuego. El debate que se generó en redes sociales y medios de comunicación, nos recuerda que en materia jurídica no todo es tan simple como parece. Por un lado están quienes (como yo) consideran que la situación está lejos de ser una legítima defensa, y pareció más un acto de venganza de parte del afectado por el hurto. Y por otro lado, están quienes estiman que el ciudadano (hoy procesado) defendió legítimamente su patrimonio económico y su vida. En fin, el tema está lejos de tener una pacífica resolución. El problema, básicamente, radica en que no es fácil admitir que un Estado muchas veces inoperante en materia judicial, deba ser el encargado de resolver el asunto. O sea, se trata de la confianza (o ausencia de ella) en el funcionamiento de las instituciones públicas. Esto no significa que la ciudadanía debe admitir cualquier atentado en su contra; no. Significa que debe tenerse claridad acerca del funcionamiento de la ley en nuestro país. Por ejemplo, respecto a la legítima defensa, la misma solo puede operar cuando se repele (a través de una acción proporcional) una agresión que sea actual, esto es, que esté ocurriendo, o inminente, o sea, que esté próxima a ocurrir. Como se puede ver, la ley no contempla la posibilidad de agredir al victimario luego de que se ha concretado el delito. No han faltado aquellos que han rogado que se flexibilice el permiso para el porte de armas, como si la solución estuviera en la violencia. Al contrario, y recordando lo dicho por el profesor Reyes, este tipo de salidas generan en el delincuente una actitud más agresiva aún, ya que asume que su ataque debe ser letal y no intimidatorio. Como se ve, en Derecho 1 + 1 no es igual a 2.