
Niñas lastimadas, sociedad fallida

Las niñas enfrentan desafíos que contrastan con los cuentos de hadas, expuestas a violencia y peligro. ¿Cómo la sociedad falla en proteger su inocencia y libertad?
Por Glenda K. Fuentes Desde pequeñas, nos llenan la cabeza con historias de princesas, castillos y finales felices. Nos enseñan que ser niña es algo dulce, delicado, casi mágico. Sin embargo, la realidad de nacer niña en muchas partes del mundo está muy lejos de parecerse a un cuento de hadas. Al contrario, en muchos casos, las niñas enfrentan desafíos que parecen sacados de una pesadilla, más que de un libro infantil. Este dolor profundo que atraviesa nuestra sociedad, que tal vez hemos aprendido a ignorar porque es demasiado difícil de enfrentar, nos está llevando a robarles el derecho a la inocencia, a la libertad y al juego. La historia fantástica, esa que debería estar llena de risas, sueños e imaginación, suele convertirse en una de terror para muchas. ¿Cómo llegamos a este punto? ¿Por qué lo aceptamos? En un contexto donde la violencia contra niñas, niños y adolescentes es cada vez más alarmante, el género sigue siendo un factor determinante en cómo se desarrollan y enfrentan la vida. Ser niña es un blanco constante, un objetivo frágil al que el peligro apunta de manera implacable. No se debe dejar a un niño solo, y mucho menos a una niña, para ir al parque, a la tienda, o simplemente caminar dos cuadras en países como el nuestro, donde el miedo se ha convertido en una sombra que acompaña cada paso. ¡Vivimos rodeados de depredadores de menores! Cada vez que un nuevo caso aberrante de abuso o feminicidio contra una niña sale a la luz, los medios estallan y, con ellos, las respuestas rápidas: "Pena de muerte", "Penas más severas". Estas medidas, que no dejan de tener su razón de ser, pueden satisfacer la indignación social con una solución inmediata, pero, ¿realmente son efectivas? ¿De qué sirve endurecer las penas si vivimos en un sistema donde las niñas siguen siendo vulnerables antes de que cualquier castigo pueda siquiera llegar a aplicarse? El problema no es que falten leyes o castigos. El verdadero problema es que, para cuando estos entran en juego, el daño ya está hecho. Las niñas han sido ya agredidas, silenciadas y traumatizadas. No es suficiente aplicar justicia después de la tragedia. Necesitamos un cambio radical en cómo vemos, tratamos y protegemos a nuestras pequeñas. Necesitamos una sociedad que no solo reaccione ante la violencia, sino que la prevenga, que se atreva a cuestionar sus propios valores y estructuras, que promueve la igualdad de género. Las niñas merecen más que promesas vacías y respuestas tardías. Merecen un mundo donde puedan crecer libres, seguras y con el poder de escribir su propia historia. No podemos seguir siendo la sociedad que les falla. "El verdadero fracaso de una sociedad no está en la violencia que permite, sino en el silencio con el que ignora a quienes más necesita proteger."