
Ni el uno ni el otro

Más veces de las que quisiera, me encuentro con historias donde alguien, hombre o mujer, está en pareja con una persona que no existe.
Olga Leonor Hernández Bustamante Más veces de las que quisiera, me encuentro con historias donde alguien, hombre o mujer, está en pareja con una persona que no existe. Pero que la imaginación acusadora no se nos vaya a la idea de un alguien enamorado de un avatar de un videojuego, de un personaje siniestro en alguna aplicación de citas o de quien se enamora de esa IA empática y comprensiva que le responde siempre, a cualquier hora y momento sin importar nada. No. Hablo de personas con relaciones de carne y hueso, que llevan años de vínculo o de convivencia y que, sin embargo, no aman a la persona que tienen al frente, sino a la que fue o la que puede llegar a ser. Unas veces, hay vínculos que se sostienen de la añoranza del pasado. Del tipo de palabras, gestos románticos e insistencias enamoradas que existieron en el inicio de la relación y a los cuales se quiere volver; porque en este caso, todo tiempo pasado fue mejor. Parece no importar que en el presente los encuentros estén plagados de respuestas hoscas, rabia, engaños o insatisfacciones. "No importa, yo sé que él/ella no es así, yo sé que en algún lugar aún reside esa persona tierna de la que me enamoré. Yo sé que, si espero el tiempo suficiente, ese que es hoy va a sucumbir ante la presencia de aquel ser tierno que me enamoró, que me decía palabras bonitas, que me regalaba flores o me esperaba fuera del trabajo cuando salía tarde para que yo no tuviera que caminar sola a tomar el bus". Esa persona ya no existe, pero es tal el ancla en la nostalgia y la añoranza que el vínculo se sostiene en la idea del regreso del ser amado, no el que es ahora, sino el que alguna vez fue. Otras veces, hay vínculos que se sostienen en la esperanza de un mejor futuro. "Yo sé que él/ella puede cambiar, tiene una historia de dolor, abandono y sufrimiento y eso le impide sacar la ternura, pero sé que puede cambiar si espero con amor y paciencia. Quiero conocer a esa persona que sé que puede ser, a la que no me va a gritar, sino que va a aprender a tratarme con amor, respeto y paciencia. Sé que, si lo amo lo suficiente, voy a poder quebrar esa muralla en la que se defiende y su yo real puede surgir y amarme como merezco". Esa persona no existe, es la que se anhela que el otro pueda llegar a ser, y el vínculo entonces se sostiene en amar la posibilidad de tener un mejor amor, dejando de lado el desgaste real. Y así, viviendo enamorados del ser del pasado o del que vendrá en el futuro, se sostienen relaciones irreales, que toleran y justifican en la espera el maltrato y la ofensa, que anhelan que llegue un ser que no existe ahora y no se tiene claro si en realidad puede que aparezca.