
Netflix o alocuciones

Hace pocos días, el magnate Elon Musk trinó en su cuenta X: “Cancele Netflix por la salud de sus hijos”. Acto seguido, comenzó una anulación masiva de cuentas en la reconocida plataforma de streaming.
El furor que el llamado de Musk despertó entre sus más de 227 millones de seguidores fue tal, que —de acuerdo con reportes de prensa— las acciones de Netflix en Wall Street sufrieron una abrupta caída. A partir de esa publicación, se contabilizaron pérdidas de alrededor de 20 mil millones de dólares. Según el dueño de Tesla, SpaceX y X (antiguo Twitter), su solicitud de cancelar el servicio de streaming se debe a la promoción cada vez más evidente de una agenda woke, en la que —asegura— se fomenta en programas infantiles la inclusión de tramas LGBTIQ+ y, de manera específica, de personajes transgénero. Desde esta orilla, hay que darle parte de la razón a Musk: hoy lo extraordinario es no toparse en Netflix con una serie o película en la que no se incluyan estos personajes. Si bien no está mal hacerlo, sí se ha abusado de ello. Se magnifican y multiplican al punto de que uno llega a pensar que hay más de estas figuras en la ficción de la plataforma que en la vida real. Y eso que Musk no se ha referido —o quizá no se ha percatado— de las numerosas series españolas centradas en adolescentes emitidas por Netflix, en las que predominan estas tramas. Élite, por ejemplo, condensa en una sola temporada consumo de drogas, diversidad sexual, identidad de género, abuso, promiscuidad… una verdadera Sodoma y Gomorra del siglo XXI. Es seguro que a más de un colombiano, hastiado de que estos contenidos sean cada vez más abundantes en Netflix, le han dado ganas de cancelar su suscripción. Pero corre el riesgo de que, al hacerlo, lo único que le quede para ver en televisión sean las frecuentes —y cada vez más extensas— alocuciones presidenciales. Porque, como vemos, el mandatario colombiano ya no respeta en lo más mínimo que la gente quiera llegar a su casa a relajarse y ver un buen programa: impone sus intervenciones cargadas de megalomanía, división de clases, lenguaje procaz y abundantes desatinos. Según datos de inteligencia artificial, en 2024 Gustavo Petro emitió 28 alocuciones, y en este 2025 —hasta agosto— ya van 21. Demasiado, dice el pueblo, que en cada nueva transmisión presidencial, en un acto casi reflejo, prefiere cambiar de canal… y volver a Netflix.