
Navidad

La Navidad, que celebra el nacimiento de Jesús, ha perdido su esencia. Recupera el verdadero espíritu navideño: oración, perdón y actos de amor.
Por Selma Samur de Heenan Navidad es un término de origen latino que significa nacimiento, y además, es el nombre del tiempo en que celebramos la venida al mundo del Divino niño Jesús. Es claro que Dios, hecho hombre en la Persona de Jesucristo, es el verdadero sentido de la Navidad, aunque en la actualidad, se ha desdibujado ese espíritu navideño original, transformándolo en un ambiente de solo vacaciones, compras y francachela, olvidando o ignorando que la prioridad como en todo cumpleaños, debe ser, halagar al cumplimentado. Los católicos que practican el rito oriental conservan una observancia antigua de adviento, absteniéndose de consumir proteínas animales, lácteos y licor. El propósito de estos ofrecimientos es crear una actitud interior de oración que los separa del interés por las cosas materiales. Es indispensable para ellos el tomar conciencia de que necesitan propiciar más espacio para Dios y por eso, este período prenavideño también lo acompañan de ayunos, para, en definitiva, asumirlo como el tiempo de prepararse para recibir a Jesús con gozo y esperanza. Hoy veintiséis de noviembre, unos días antes de iniciar el mes de diciembre, les propongo que programen una Navidad especial, en la cual el nacimiento del Niño Jesús ocupe el centro de la celebración. Poniendo en un segundo y tercer plano, al sentido comercial que se ha venido dando a esta época, al Papá Noel, los trineos, los renos y los árboles. Hagamos verdaderos protagonistas al divino infante y su pesebre, ese bello y significativo regalo que nos legó San Francisco de Asís. Encabezando la lista de obsequios, sería maravilloso que estén aquellos que podemos ofrecerle al recién nacido. Deberán ser de los que no se pueden adquirir en ningún almacén y que no tienen valoración económica, porque son presentes de fácil consecución, sin necesidad de dinero para adquirirlos, ya que están al alcance de todos. Algunos ejemplos son: practicar algunas de las catorce obras de misericordia, renunciar al mal, dejar pecados o vicios, ayunar, hacer sacrificios y penitencias, elaborar o construir un pesebre, rezar la novena con devoción, reconciliarse con la familia, perdonar, pedir perdón, buscar la paz interior, confesarse, comulgar y abrir el corazón para que, naciendo en él, Jesús lo sane. La Navidad puede ser la mejor oportunidad del año para que las familias se unan en torno a los buenos deseos de paz y amor. Es propicio que enseñemos a los pequeños lo que significa que Dios nos ame tanto, que vino al mundo haciéndose hombre y que fue niño como ellos.