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Opinión

¿Naufragó el embeleco?

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
15 de marzo de 2026

Pocos han reparado en que las pasadas elecciones para Congreso no nos salvaron de la hecatombe. Quienes hayan leído las motivaciones de la pretensa Asamblea Constituyente, concebida para instaurar un régimen dictatorial, debieron reflexionar sobre las verdaderas intenciones del Pacto Histórico, esa argamasa de resentimientos y utopías que se autopercibe como la encarnación del “pueblo”.

Desafortunadamente, las fuerzas parlamentarias no quedaron mejor distribuidas, por lo que se vislumbra, si gana Cepeda las presidenciales, un colapso del sistema democrático. ¿Tendrán conciencia de esto los legisladores que venden sus votos en el Capitolio a cambio de prebendas? No lo creo. Poco les importa el destino de la democracia con tal de complacer sus proditorios intereses.     Personalmente no me sorprendió el éxito circunstancial de Juan Daniel Oviedo, quien, a diferencia de sus compañeros de viaje del llamado centro (el diletantismo insípido de Fajardo y las veleidades de Claudia Nayibe), llama la atención por sus conocimientos econométricos. Quizá se equivoca al sobrevalorar la importancia de la JEP, una vena rota que ha gastado una inmensa fortuna en pos de unas reivindicaciones y una paz que nunca llegaron.   Lo de Paloma Valencia estaba previsto. Es inteligente y aguerrida, y proviene de un linaje de políticos y académicos destacados. Su oposición sin claudicaciones a los propósitos estatizantes le confirió un soplo de esperanza. Ojalá que durante la campaña mantenga sus principios de autoridad y orden, porque sin ellos es imposible el desarrollo económico, la lucha contra la pobreza y la reversión del despiporre fiscal. Esperemos que no se deje embaucar con nuevos “diálogos” para apaciguar el crimen, que de nada han servido. No recuerdo un solo día de mi vida sin ese soniquete. Tampoco recuerdo que alguien, en busca de la convivencia pacífica, haya antepuesto como condición la de una pronta y cumplida Justicia. Quisiera que en el debate venidero prime la sensatez de todos aquellos que prefieren la imperfección de la democracia a la falaz promesa del “cambio” revolucionario. Ojalá que se depongan los recelos y las mezquindades, y se apoye masivamente un proyecto capaz de restaurar la decencia en la cúpula del Estado y la eficiencia técnica en los Ministerios y dependencias administrativas. Basta ya de funcionarios sin estudios e ignorantes.  Que haya desaparecido el partido de las Farc es un motivo de gratitud con el destino. Eso equivale, como en una caricatura, a la caída del muro de Berlín en 1989. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.