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Opinión

Mujeres que corren siendo hienas

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
16 de marzo de 2024

La rivalidad femenina, a menudo impulsada por la inseguridad, obstaculiza el progreso. Es vital identificar y desarticular las dinámicas predatorias para fomentar la colaboración y el crecimiento conjunto.

Por Glenda K. Fuentes La confianza y el amor le confieren a la mujer una fuerza creativa e innovadora que la impulsa a actuar con convicción, principios y determinación. Casi toda la envidia, la rivalidad, las ansias de atención y los impulsos que llevan a una mujer a hacerle daño a otra se deben a una vida del alma ahogada en la inseguridad y la baja autoestima. No se puede pasar por alto la existencia de obstáculos y situaciones adversas en la carrera de una mujer hacia el éxito, a causa de la brecha de género. Sin embargo, tampoco se puede ignorar la guerra interna que vive el género femenino, en la que algunas minan el camino de otras porque sienten un constante miedo disfrazado de ego que no les permite ver a otras crecer, convirtiéndolas en depredadoras para otras mujeres. Toda esta vestimenta salvaje y actuar lascivo que desdibujan la piel natural de la mujer, y la revisten de un pelaje corto y áspero, me recuerda a la hiena. Ese animal de cuerpo robusto, patas traseras más largas que las delanteras y cabeza grande con mandíbulas poderosas, que es conocido por tener una vocalización única, que a menudo se interpreta como una risa, pero que en realidad refleja el estrés en el que vive. Es un excelente cazador, pero también es un gran carroñero que aprovecha cualquier oportunidad para alimentarse. Las hienas, al igual que algunas mujeres que optan por rivalizar en lugar de apoyarse, operan desde la escasez, creyendo que solo hay una porción limitada de recursos disponibles y que deben luchar para obtener lo que consideran que les corresponde. Esta mentalidad competitiva y desconfiada solo perpetúa un ciclo de rezago y división entre una comunidad todavía minimizada, en lugar de fomentar una red de sostén y colaboración que les permita impulsar el crecimiento y la evolución de todo el género femenino. Siendo así, es esencial que las mujeres se vean a sí mismas como parte de una manada, donde cada una tiene un papel valioso y único que desempeñar, y donde el progreso de una se traduce en el triunfo de todas al crear oportunidades. En definitiva celebrar los logros de otras mujeres, despejar su camino, contar las experiencias vividas, ofrecer apoyo, y construir una red de confianza y solidaridad son pasos fundamentales para transformar la dinámica divisoria en una hermandad empoderada y colaborativa. Hay muchas hienas disfrazadas de mujeres buscando la oportunidad perfecta para depredar, a través de la manipulación, las artimañas o la ventaja de su posición. Prendamos el radar para identificarlas y seámonos lo suficientemente solidarias para desenmascararlas.