
Mucha cal y Pocaterra II

Jacobo Pocaterra, agente cervecero y figura en "Cien años de soledad", prosperó en Ciénaga hasta la masacre de 1928. Su vida, marcada por gallos de pelea y amistades, culminó en Barranquilla, donde fue enterrado.
Por Andrés Ramos Pocaterra al quedar viudo de la "Perla del Sinú", como le decían a Libradita, decidió encargarle su hija al hermano y partir como agente de la Cervecería de Barranquilla a "La Zona". Le iba tan bien, que a pesar de haber recibido una cuantiosa herencia por parte de Mr.Sliger- que incluía entre otras cosas un enorme brillante y lotes de la vieja Casa Americana-, la chamba en Ciénaga, Magdalena ,era de primera . Siendo el único agente, su negocio prosperaba. Todos los trabajadores acudían a diario por un "Águila" y al poco tiempo, el pequeño estanco se convertiría en un bellísimo billar, con bodega y habitaciones de amor. Pero en 1928, el ruido de la metralla, lo asustó. Jacobo presenció como eran arrojados al mar, los cuerpos de muchos trabajadores insepultos por la huelga que se transformó en matanza. Razón por la cual decide regresar a Montería. Testimonio de esa buena época, es el recuerdo vivo contenido en Cien años de Soledad: "Los obreros ociosos en un sábado de muchos días, y en el salón de billares del Hotel de Jacob hubo que establecer turnos de 24 horas". (página 25 de la primera edición). Jacob, como firmaba, perteneció a los primeros talleres masónicos liderados por su suegro y Mr. Herbert C. Emery. Luego según fuentes discretas, logró el grado 33. Pero eso no era lo más importante para él. La verdad sea dicha, lo que le gustaba eran los gallos finos de pelea. Tenía uno, de la cría de los Cheres, llamado "Rómulo" -por su amigo Betancourt- a media pensión, amarrado a la pata de la cama. Lloró cuando le tocó cederle su cuarto a su hija Alicia. Tener que retirarlo de su lado, lo obligó a cargarlo encima a todas partes, como el coronel de GGM. Según cuenta Rakan, en su única y ambiciosa edición "Los gallos finos en el mundo", Pocaterra era una especie de cónsul del Caribe. Por su trayectoria, desde que salió de Maracaibo, no había dejado de cosechar amistades. Tenía la destacadísima cuerda con Berrocal Failache y Rosendo Garcés, antesala de "Andalucía". Lo cierto es, que en una tenida en Rabolargo, para poder enfrentar una improvisada alianza conformada por Don Lito Jiménez con unos personajes del bajo Sinú, le tocó empeñar el famoso brillante de Mr Sliger. Se jugó diez gallos, saliendo victorioso. Con ese dinero se reinventó y fue que montó la fábrica. Murió en Barranquilla, donde está enterrado en el Cementerio Católico de Calancala, a pesar de pertenecer al barrio del Universal. Antes de llegar a su tumba, se encuentra la de Sabrina Atilano, quien murió en olor de santidad y fue la primera del cementerio, muchos dicen que Pocaterra, por tenerla al lado, le pide para que lo regresen a Montería.