
Mucha cal y pocaterra I

Jacobo Pocaterra, figura clave en la Barranquilla de exiliados venezolanos, fue un nexo crucial con la generación del 28 y el plan democrático. Su vida en Montería y amistad con Leoni revelan un personaje único.
Por Andrés Ramos Cabrales Jacobo Pocaterra Gómez, fue uno de los venezolanos que compartió con los exiliados de la época de Juan Vicente Gómez, quienes lideraron en un momento desde Barranquilla, los planes y la puesta en marcha del proceso democrático en el país vecino. Nada más y nada menos, que la generación del 28, firmante del famoso "plan de Barranquilla" redactado el 22 de marzo de 1931 por Rómulo Betancourt y suscrito por Raúl Leoni, Valmore Rodríguez, Carlos Peña Uslar entre otros. Pocaterra para esa época ya vivía en Montería; se había casado en 1914 con Librada Sliger Vergara, la hija de Mr. Sliger, el mánager de la Geo. D Emery & Co, y enviudado en 1919. Fruto de esa unión, nació Alicia Pocaterra de Escobar Méndez, quien vivió su infancia al lado de su tío Ricardo Pocaterra y su esposa Himera Caballero Roncallo. En la casa de Ricardo Pocaterra se pasearon todos los venezolanos de renombre. Es aún, una hermosa mansión en EL Prado, donde hoy funcionan unas oficinas de la Triple A. Ricardo era un comerciante y empresario, socio de la cervecería de Barranquilla, emprendedor de los servicios públicos. La razón por la cual, su hermano, después de trabajar en la cervecería, se instalaría en Montería por el contrato de alumbrado público. Jacobo era un personaje. Gallero dedicado, hombre de mundo, dueño y señor de las libertades y chispa ardiente, se le dio por montar una fábrica de baldosas y ladrillos. También vendía delicatesen, frutas importadas y los más finos confites, jamás vistos en la Montería de la época. Viajaba religiosamente una vez al mes a Barranquilla, donde embalaba toda la mercancía, proveniente de las islas holandesas en el Caribe, hasta el Sinú. En uno de esos viajes, invitó a Raúl Leoni a que lo acompañara a su escondite de fines de semana. Leoni, para el lector desprevenido, fue después presidente de Venezuela. Se embarcó en el remolcador El Pirata y llegó al Sinú. Era un joven de 26 años. Cuanta felicidad para Jacobo, y cuanta dicha para Leoni, porque encontraron un paraíso inocente de las ideas y de la bohemia. Jacobo, le dio a probar la hermosura de estas tierras. Luego, Leoni, retornaría al Sinú en 1938 después de graduarse de abogado en la Universidad Externado de Colombia. Dos presidentes de izquierda, ambos de la misma universidad: Petro y Leoni festejarían de lo bueno acá. Jacobo, para esa época, viudo empedernido, estaba en el mostrador de su negocio, cuando, le fue pedido un encargo de mil ladrillos, para una fabrica de gaseosas, por parte de Víctor Anaya con "mucha cal y Pocaterra".