
Mosqueteros del Caribe

Un sábado de 1945 nació David Sánchez Juliao. Años después, el destino unió a David, Juan Carlos Rueda y Ernesto McCausland, tres pilares de la palabra y el Carnaval.
Por Ensuncho de la Bárcena El 24 de noviembre de 1945 fue sábado. Imaginemos la alegre mañana que se erguía sobre el mercado público de Santa Cruz de Lorica, a orillas del mítico Sinú. Una bandada de garzas revolotea sobre la torre de la iglesia, dándole la bienvenida al recién nacido que, años más tarde, responderá al nombre de David Sánchez Juliao. El día del cumpleaños número 12, el 24 de noviembre de 1957, fue domingo. Hubo Santa Misa y celebración en el Club Lorica. Al mismo tiempo, en La Fuente de Zapatoca, cordillera oriental, una familia celebraba la llegada al mundo de un legendario personaje que se conocerá como Juan Carlos Rueda Gómez. El miércoles 4 de enero de 1961, mientras el adolescente David ya había decidido ser escritor y el niño Juan comenzaba a identificar las letras y los números, llegó a Barranquilla, con las brisas que anuncian el delirio, Ernesto McCausland Sojo. Dios los creó y el Carnaval los juntó. Las posibilidades de que se encontraran en los caminos del Reino eran infinitas. Estaban unidos por el mismo cordón umbilical de las letras, los viajes y las historias. Cada uno había sido encargado por Su Majestad Eterna para cumplir una misión junto al Palabrero Mayor, Gabriel José de la Concordia. Tanto los tres soldados de la palabra como el rey se sabían herederos de una tradición milenaria que hermana a los hombres desde la noche de los tiempos. Sobre la biografía regia hay varios libros que pueden ser consultados por el lector. David, por su parte, tuvo una vida fascinante. Fue viajero del mundo, cuentista, encantador, periodista, diplomático, sibarita y elegante bailarín. Sus conferencias son célebres por la alegría que contagiaba. Juan Carlos fue un proverbial cazador de talentos e historias, cronista de notable humor, compositor, productor de películas y, como él mismo solía decir, "un dibujante de sonrisas". Ernesto sigue siendo el mejor cronista colombiano de todos los tiempos. Y uno de los mejores de nuestra lengua. Hizo lo suyo con rigor, inteligencia y humor. Tanto en la prensa, como en la radio y la televisión. Su amor por el Carnaval de Barranquilla no conoce límites. Mi gratitud eterna con el Rey de Reyes, por haber compartido conversa con nuestros reales personajes. Inolvidables. Dicen que David murió en Bogotá, el miércoles 9 de febrero de 2011. Dicen que Ernesto murió en Curramba, el miércoles 21 de noviembre de 2012. Dicen que Gabriel murió en Ciudad de México, el Jueves Santo de 2014. Dicen que Juan Carlos murió en La Arenosa, el sábado 13 de abril de 2019. Eso dicen los aburridos. Entienden nada.