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Opinión

Montería tiene futuro, pero primero debe romper sus cadenas

Fredy Sanchéz Kerguelén
Fredy Sanchéz Kerguelén
Columnista
28 de abril de 2026

Montería no está detenida. Montería está funcionando mal.

Y entender esa diferencia es clave. Porque cuando una ciudad funciona mal, los problemas no aparecen solos ni por casualidad, se conectan entre sí, se repiten y terminan golpeando siempre a los mismos. Lo vemos todos los días. Tráfico desordenado, calles deterioradas, espacio público invadido, barrios creciendo sin planeación, disputas por predios que nadie sabe si son públicos o privados, obras que llegan tarde o no llegan. No son hechos aislados. Son síntomas de una ciudad que durante años ha crecido sin dirección clara. Y cuando una ciudad crece mal, las consecuencias se acumulan, se vuelven una cadena. Vienen las inundaciones porque no se planificó, porque el desorden urbano lleva a eso, a riesgos e inundaciones. Falta vivienda digna porque no se priorizó, y la falta de vivienda empuja a miles a asentarse como puedan. La economía se mueve, pero no despega, y eso alimenta pobreza. La pobreza empuja a la informalidad y la informalidad obliga al rebusque. El rebusque reemplaza las oportunidades, y el rebusque permanente termina convirtiendo la supervivencia en forma de vida. Y entonces, así tal cual, mucha gente no vive, sobrevive. Y déjenme decirles Monterianos, que eso no es vivir. Eso es resistir y ahí está el verdadero problema de fondo. Porque mientras unos pocos logran avanzar, la gran mayoría sigue atrapada en una cadena de estancamiento. Si lo miramos por estratos y zonas, la realidad es evidente. Montería está compuesta principalmente por familias de estratos 0, 1, 2 y 3, además de una enorme población rural. Esa es la mayoría real de la ciudad. Y cuando esa mayoría no progresa, ninguna cifra bonita alcanza para esconderlo. Entonces la pregunta no es si Montería tiene potencial. Claro que lo tiene. Tiene ubicación, talento, tierra fértil, juventud, río, cultura y ganas de salir adelante. La pregunta verdadera es otra. ¿Por qué seguimos repitiendo fórmulas que no le funcionan a la mayoría? Durante años se ha puesto por delante el interés particular sobre el interés colectivo. La mezquindad sobre la visión. El beneficio de pocos sobre las necesidades de muchos. Y también hay que decirlo con honestidad, como ciudad, todos hemos tolerado demasiado tiempo que las mismas cosas se repitan. Pero eso puede cambiar. Cambiar no empieza con discursos. Empieza con decisiones. Con entender primero los problemas reales de la gente. Con hacer lo urgente antes que lo vistoso. Con ordenar la ciudad. Con planificar de verdad. Con pensar más allá del beneficio propio y mirar el futuro común. Montería necesita una nueva mentalidad. Menos conformismo y más ambición colectiva. Menos “eso es lo que hay” y más “esto puede ser mejor”. Porque sí, Montería tiene todo para ser una ciudad de futuro. Pero no dentro del círculo vicioso que hoy la amarra. No mientras la mayoría siga sobreviviendo. El momento de cambiar se acerca. Y no depende de uno solo. Depende de que más ciudadanos hablen, exijan y actúen. Para que un joven pueda quedarse aquí con oportunidades reales. Para que una familia vea progreso y no solo esfuerzo. Para que trabajar vuelva a significar avanzar. No estamos lejos. Estamos más cerca de lo que muchos creen.