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Opinión

Montería en movimiento: liderazgo, salud pública y el desafío construir una ciudad saludable.

José J. Vergara Díaz
José J. Vergara Díaz
Columnista
1 de octubre de 2025

Reconocer aciertos no es sinónimo de complacencia. En Montería, la alcaldía de Hugo Kerguelén ha puesto en marcha un conjunto de acciones que, desde la salud pública, merecen tanto reconocimiento.

No se trata solo de imagen: la promoción de la actividad física, la construcción y consolidación de la ciclo-ruta y la Bici Ruta Sinú, las grandes carreras ciudadanas y el apoyo a escuelas deportivas urbanas y rurales configuran un ecosistema que proyecta una ciudad en movimiento. Que el alcalde sea un líder visible —crossfiter y runner— añade fuerza simbólica: la autoridad que predica con el ejemplo moviliza comportamientos y reduce la distancia entre política y ciudadanía. Desde el punto de vista de infraestructura, ha sido clave el mantenimiento, habilitación y rehabilitación de escenarios deportivos, la instalación de equipamiento biosaludable en barrios y parques, la adecuación de senderos seguros para caminantes y ciclistas, y la construcción y mantenimiento de espacios públicos que invitan a moverse. Estas intervenciones urbanas no solo mejoran la estética de la ciudad, sino que crean condiciones reales para que la actividad física sea cotidiana, accesible y segura. Más aún, Montería ha avanzado en prevención psicosocial. La continuidad de la estrategia Prevenir para Vivir Sanamente y el Programa de Convivencia Escolar reflejan una decisión política por integrar la promoción del bienestar emocional en las agendas municipales. Tamizajes, activación de rutas y formación en autogestión emocional no son ornamentos; son herramientas que, correctamente implementadas, identifican riesgos tempranos y facilitan derivaciones oportunas a atención especializada. Desde la mirada técnica, estos logros tienen un mérito incuestionable: aumentan la visibilidad de la salud como asunto público y generan capital social. Eventos masivos y programas regulares fomentan pertenencia, reducen el sedentarismo y pueden incidir en factores protectores frente a enfermedades crónicas y problemas de salud mental. La movilidad activa —ciclo-rutas y corredores peatonales— también funciona como intervención ambiental: cambiar el diseño de la ciudad modifica comportamientos de gran escala. Para que estas dinámicas se consoliden, es clave la continuidad, con medición permanente a los indicadores de cobertura, uso y resultados. Ese monitoreo oportuno es el que convierte los esfuerzos políticos en políticas públicas sostenibles. La equidad también debe estar en el centro. Un buen ejemplo de enfoque diferencial es el programa Montería Vive Fit, impulsado desde el IMDER, que ofrece actividad física gratuita y dirigida en parques y espacios públicos, con sesiones adaptadas para distintos grupos poblacionales, incluidos adultos mayores. Este componente es clave: las personas mayores enfrentan retos específicos en movilidad, salud crónica y fragilidad, y requieren horarios adecuados, intensidad progresiva, instructores capacitados y entornos seguros. Incorporar estos matices no es un lujo, sino una obligación sanitaria para garantizar que los beneficios lleguen a toda la población. Montería tiene rumbo: hay liderazgo, infraestructura y programas. El siguiente paso es convertir la energía ciudadana y la voluntad política en continuidad, equidad y sostenibilidad. Así el movimiento se transformará en cambio real.