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Opinión

Montería en cuidados intensivos

José J. Vergara Díaz
José J. Vergara Díaz
Columnista
3 de septiembre de 2025

En Montería, la crisis del sistema de salud dejó de ser un titular lejano para convertirse en un drama cotidiano. No se trata de cifras frías ni de tecnicismos, se trata de vidas. Pacientes que esperan un medicamento que nunca llega, familias que recorren hospitales buscando una remisión que se niega, profesionales de la salud que trabajan con las uñas y clínicas al borde del cierre por deudas impagables. Esta es la realidad que tenemos frente a los ojos y que, si seguimos indiferentes, pronto dejará cicatrices imposibles de sanar.

Como médico, me duele ver cómo enfermedades controlables se complican por demoras absurdas, cómo se pierde la confianza en un sistema que alguna vez fue referente en cobertura, y cómo la política terminó entorpeciendo lo que debería ser sagrado: el derecho a la salud. No es justo para los pacientes, ni para el talento humano que sigue poniéndole el pecho a la crisis con vocación y entrega, aun cuando los recursos escasean. Hoy más que nunca necesitamos que las clínicas, hospitales, servicios farmacéuticos y profesionales no desfallezcan. Que resistan. Que sigan siendo la primera línea de defensa mientras encontramos salidas. Porque detrás de cada consulta, cada turno agotador y cada medicamento entregado, hay un rostro humano que depende de una atención del sistema. Pero también es hora de decirlo claro: solos no podemos. El silencio de muchos congresistas de nuestro departamento frente a esta situación es ensordecedor. Actúan como si esta crisis no fuera con ellos, como si la salud no fuera el problema más urgente de sus electores. En las próximas elecciones al Congreso tenemos la responsabilidad de recordar quién levantó la voz y quién se escondió detrás de cálculos políticos. El voto debe ser un acto de memoria y de exigencia. Las soluciones no vendrán de un decreto improvisado ni de un discurso incendiario. Vendrán de espacios reales donde converja lo público y lo privado, donde se sienten en la misma mesa aseguradores, prestadores, pacientes y autoridades. Montería tiene la capacidad de dar ejemplo al país: proponer una estrategia local donde la Gobernación, la Alcaldía y los órganos de control acompañen un pacto entre prestadores y aseguradores por la sostenibilidad del sistema, la transparencia en el flujo de recursos y la defensa inquebrantable de los pacientes. Este no es un problema exclusivo de los médicos o enfermeras ni de gerentes de clínicas; es de todos. La salud es un bien común que se erosiona cuando la indiferencia gana terreno. Nos corresponde unirnos, exigir lo justo y trabajar juntos en soluciones. La peor medicina ahora mismo es el silencio. Montería no puede resignarse a ver morir a sus pacientes esperando medidas que no llegan. No podemos acostumbrarnos al colapso. Si el sistema está en cuidados intensivos, nuestra obligación como sociedad es luchar para que reciba el tratamiento que necesita: recursos, voluntad política, y, sobre todo, humanidad.